SIN PAÑOS TIBIOS
Después de la tragedia ¿qué?
Es típico que cada sociedad se crea única y particular, aunque –seguramente– esa dejadez frente a los hechos, esa característica propia de ser indiferentes ante los posibles riesgos futuros, puede que sea caribeña, más que dominicana.
Eso, lo de poner candado después que roban, o lo que es lo mismo, tomar medidas correctivas –o preventivas– a posteriori, una vez que ocurre el hecho que pudo haberse prevenido de haberse hecho antes, es muy típico del ethos dominicano, y forma parte de nuestra idiosincrasia.
Ahora que toca poner candado, porque ya nos robaron 226 vidas, toca también garantizar que se implementen medidas correctivas y preventivas que contribuyan a evitar otro hecho así. Pero también toca fortalecer la capacidad de respuesta de los organismos de socorro del Estado, pues, así como todo el mundo vio en tiempo real la entrega, preparación, entrenamiento y esfuerzo de todo el personal oficial y voluntario, así también todos sentíamos un estremecimiento al pensar en qué pasaría si un evento de esa magnitud ocurriera simultáneamente en varios puntos.
El colapso del Jet Set constituye un aviso sobre la necesidad de dotar de recursos humanos, técnicos y financieros a los organismos de socorro; reforzar protocolos; mejorar mecanismos de articulación y colaboración ciudadana; y, sobre todo, realizar jornadas nacionales educativas, preventivas y rectificativas.
No basta con subir la bandera una vez finalizado el luto. Toca investigar, muy a fondo; de manera acuciosa, rigurosa, profesional, y, sobre todo, transparente y abierta. Toca que el Ministerio Público haga su investigación; que el estudio técnico ordenado por el Poder Ejecutivo se haga a la mayor celeridad posible y que a todos los niveles se garantice el acceso de la ciudadanía al mismo; y que, en paralelo se establezcan responsabilidades y sanciones, una vez se agoten los procesos correspondientes dentro del marco del debido proceso.
Pero, sobre todo, toca aprender, porque es necesario sacar enseñanzas y conclusiones de este desastre, y el gobierno debe liderar el proceso nacional de autocrítica y mejora.
Han sido décadas de negligencia institucional, han sido muchos los que dejaron pasar cosas en salas capitulares y departamentos de aprobaciones de planos ministeriales. La prensa tiene años denunciando complicidades que permitían construir donde no se debía, autorizando estaciones de combustibles donde estaba prohibido, etc., y muchas autoridades miraron siempre a un lado, cuando probablemente sus bolsillos abiertos miraban para otro. Esta tragedia debe servir para cambiar un paradigma. Para auditar todas las estructuras públicas y privadas de acceso y disfrute público (plazas, tiendas, cines, restaurantes, etc.), y para decidirse –como Estado– a corregir lo que haya que corregir, y buscar los recursos donde haya que buscarlos.
Los gobiernos locales también deben mapear su territorio, auditar y exigir, pero, lo más importante, debemos hacer conciencia que tenemos que construir mayores capacidades de respuestas ante emergencias, y eso toma tiempo, y cuesta… Pero hay que hacerlo.

