Reminiscencias
El Hoyo de Friusa: ¿Síntoma de un síndrome de un trastorno mayor? ¿O trailer peligroso de vicisitudes?
Sentado ante la televisión seis horas pude ver y saber de los sucesos acaecidos. Oí cientos de explicaciones, todas muy airadas, y al pedir mi opinión, dije: Esperen mi Reminiscencia de este Sábado; recuerden que mis opiniones, ya, las expreso después de consultar la almohada.
En efecto, mi interpretación propiamente está descrita en el título de esta entrega: “densos nubarrones, tormentas seguras.”
Pero, me fui a los recuerdos ansioso de comprobar la validez de los presagios.
Desde luego, en el grato espacio con que cuento sólo esbozaré a grandes rasgos los pilares donde montaré en La Pregunta venidera mis reflexiones totales.
Caracas, cuando la conocí en horas de la noche, me deslumbró y al llegar la aurora me llenó de incertidumbre y mortificaciones; lo he escrito otras veces, pero los ranchos, tan bellos bajo las luces artificiales y tan tristes a la luz del sol, me llevaron a comentar con mi familia venezolana, al día siguiente, el presentimiento de que algún día algo doloroso sabría estremecer a Venezuela y utilicé la frase: “cuando esos ranchos bajen de la montaña”.
Bien. En el ambiente familiar de mis primos, Rafael Minaya y su inolvidable esposa Elisa, en horas de la noche tuve el agrado de disfrutar de una compañía interesante en ocasión de la cena familiar organizada por nuestra querida anfitriona. Me acompañaba, claro está, mi difunta esposa doña Sogela.
Asistieron al Ágape dos de los primos de Elisa, Homero y Alberto Leal Torres, y tuve la oportunidad de departir con ambos, el primero, Ministro de Defensa de Venezuela, y el otro, una especie de cerebro logístico de su Ejército.
Les dije que los felicitaba por lo bien que se desarrolló en Venezuela el respeto de los cuerpos militares por el poder civil en favor del fortalecimiento de la democracia y me contestó el Ministro: “Eso es cierto y agradecemos el elogio, pero estamos preocupados por los desórdenes escandalosos que se están produciendo en el ámbito político; es decir, con los mandos y la oficialidad superior no hay problema, pero no estamos confiando en el efecto que pueda producir esa situación en las filas de abajo de soldados, clases y oficiales menores.”
Y agregó: “Como usted bien dice, es delicado ese problema de los ranchos y su pobreza y podría darse una confluencia muy difícil de contener.”
Pasó el tiempo y luego vino el Caracazo el 27 de Febrero del año 1989, así como el primer intento de Hugo Chávez en el 1992 por derrocar a Carlos Andrés Pérez, que fuera contenido por el líder bajo la expresión muy extraña y elocuente: “Por ahora”.
Esos sucesos, claro está, fueron de enorme significación y así lo percibió un venezolano ilustre y lo expuso en el Senado, Rafael Caldera, Senador Vitalicio, en dos discursos magistrales. Pero esto será material de La Pregunta.
Ustedes podrían preguntarse: ¿Y a qué viene esa explicación que da este anciano, proponiéndola como una especie de base de lo que puede producirse en nuestro país? ¿Será, acaso, que él teme a que las protestas sociales aumenten a escala nacional con motivo de los trastornos de las carencias y dificultades de la economía, en perjuicio de masas que puedan ser descontroladas en las protestas? ¿Nos quiere sugerir el anciano que la presencia de miles de soldados y oficiales menores de las fuerzas armadas, así como una potente presencia de la Policía Nacional al contener en la forma que se hizo en Friusa, el flujo de la alarma por el alto riesgo que corre nuestra supervivencia como Estado Nación, podría encontrar eco en la inconformidad de esos planos menores? ¿Nosotros, debemos de atender al anciano, sólo porque asegura haber vivido los tiempos del Derrocamiento en el ´63 y de la Guerra Civil y ocupación militar en el ´65? ¿Puede ser cierto que se dio la confluencia entre esos dos Ejércitos para impulsar quejas como aquellas especialmente justas?
Ustedes, amables lectores, podrían conocer los Consejos de un Anciano a un joven Presidente, indicándole la necesidad imperiosa que existe de que fortalezca la aplicación de la Constitución y las Leyes en lo relativo a la Soberanía y la Autodeterminación nuestras en la forma más enfática, conforme a derecho, porque de no hacerlo podría debilitarse, lamentablemente, su equilibrio en el ejercicio del poder.
He pensado mucho, finalmente, en Caamaño, el “joven y travieso oficial de Policía”, hijo de un General importante del Régimen de Trujillo, cómo pudo emerger en medio del huracán como el Líder mayor, al grado de merecer la condición de Presidente Constitucional de la República, por noble gesto del prócer derrocado en el ´63, Juan Bosch.
No son divagaciones éstas, sino profundas convicciones; y mi esperanza sencilla de hoy es que esa Pregunta anunciada para miércoles pueda ser procurada por la atención de ustedes, porque allí trataré de pormenorizar muchas cosas capaces de mover sus preocupaciones acerca de lo que todo ésto significa para la suerte nacional.
Claro está, no me dejaré arrastrar por emociones, por muy justificadas que puedan estar, porque es hora de unidad total y profunda, no de discordias, ni desencuentros.
Al Presidente le reservo este consejo final: Actúe, por Dios, que no hay palabras para las excusas y es peligrosísimo que las expresadas se desgasten en un frenético descreimiento popular. Como nunca, ruego que así sea. Friusa es un Síndrome.

