OTEANDO
¡Sáquenlos!
Casi todos los seres humanos tienen la tendencia a procurar destrezas en áreas específicas. Pero, en la Era de la información, que comenzó a mediados del siglo XX, se ha desatado una carrera loca por adquirir información de toda índole. En este afán se suele confundir el concepto de información con el de conocimiento. Un terrible error que lleva a muchos a creerse sabios sin detenerse a medir el peso de tal adjetivo. Padecemos así, una especie de síndrome de la erudición que se apodera cada vez con más vigor de un segmento importante de quienes, por pasión o por necesidad, se ven concernidos en la discusión pública de toda suerte de temas.
Al fenómeno descrito, se suma otro de no menos impacto en el crecimiento de nuestra fauna de “expertos”. Se trata del negocio de los centros de educación superior a través de las carreras de grado, y más aún, de las de posgrado, un tema desatendido por la autoridad del ramo, cuya condición de infuncional se hace manifiesta siempre que se plantea la necesidad de fusionarlo con el ministerio que le es más afín, el de Educación. Hay una intelectual dominicana a la que se le ha ocurrido llamar “maestrías ágrafas”, a las que imparten tales universidades, cuestión deducida del desconocimiento de la correcta escritura que padece la gran mayoría de sus egresados.
Uno quisiera no tener que tratar tan recurrentemente el problema en cuestión, pero de solo sintonizar, por ejemplo, una de nuestras emisoras que hacen los famosos programas interactivos, sentirá el arañazo proferido a la correcta pronunciación y al estilo elegante que reclama el arte de bien comunicar. Y no es que le exija uno a estos procuradores sin respiro de connotación social que se vuelvan filósofos del lenguaje, que entiendan a Austin o a Derrida. No, es solo que se preocupen por el manejo oportuno de las categorías gramaticales más determinantes en la construcción de un correcto discurso.
Ojalá dejáramos de oír expresiones absurdas, tales como “losepacio”, “lonúmeros”, “lasépoca”. Ojalá nuestra mencionada fauna comprenda que no se trata de estar en los medios porque sí, sino de estar porque se merece, sea a partir de la previa evaluación ajena o de la propia. ¡Ya no nos torturen más! Apréndanse al menos las flexiones que puede sufrir el verbo para indicar persona, número, tiempo, modo y voz. Indaguen, por favor, acerca de las formas no personales del verbo y sus excepciones de flexión. Y a ustedes, dueños de medios de comunicación que me leen, imprímanle calidad a la comunicación, ¡sáquenlos!

