Tratando de descifrar la política económica de Trump
El mundo está viviendo momentos de rápidas y profundas transformaciones. Las grandes potencias buscan afanosamente fortalecer su posición en la economía mundial. Aunque nuestro país no jugará un papel importante en el tablero mundial, sin embargo es importante entender lo que está sucediendo para ver qué ventajas o calamidades podrían derivarse de estos cambios. El presente artículo tiene ese propósito.
Después de la Segunda Guerra Mundial y de los acuerdos de Bretton Wood, Estados Unidos surgió como la gran potencia mundial, en sustitución de Gran Bretaña. Asimismo, el dólar se convirtió en la principal moneda de cambio con aceptación mundial, lo que le ha permitido a ese país adquirir todos los bienes que ha necesitado su economía para seguir desarrollándose por encima de todas las naciones del mundo. Posteriormente, con la caída de la Unión Soviética en 1990, los Estados Unidos fortaleció aún más su posición dominante y pasó a ser la potencia hegemónica mundial.
Como ha sido una constante en la historia de la humanidad, el principal objetivo de todas las potencias hegemónicas es evitar el surgimiento de cualquier otra que le pueda hacer sombra. Con este propósito Estados Unidos llevó a cabo enfrentamientos bélicos en numerosas partes del mundo que pudiesen afectar su posición hegemónica, sin importar cuan elevados fuesen los costos económicos, pues la fortaleza del dólar le permitió cubrir los cuantiosos déficits fiscales consecuencia de tales enfrentamientos y también le permitió poder pagar la deuda pública que consecuentemente se ha estado acumulando.
Esto llevó también a sus grandes estrategas políticos a trazar desde entonces la que debería ser su política exterior. Debido a que todavía China no era un potencial competidor y Japón aún sufría los efectos de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, los estrategas norteamericanos determinaron que el objetivo principal era evitar que Rusia pudiese pasar a ser un aliado económico de Europa y consecuentemente que el viejo continente pudiera convertirse en un importante competidor, especialmente si se fortalecía una alianza entre Alemania y Rusia. Recuérdese que uno de los objetivos iniciales de la OTAN era mantener a Alemania “down”.
Por ello los diferentes gobiernos que ha tenido ese país en las últimas décadas trataron de que esa posible alianza no se materializara. Lo primero que hicieron fue provocar a Rusia con la amenaza de llevar a la OTAN a su frontera y segundo destruyendo la dependencia que tenía Europa del gas licuado ruso. La guerra de Ucrania y las voladuras de los gasoductos del Báltico fueron parte importante de esa estrategia.
Los objetivos perseguidos por tal estrategia se cumplieron a plenitud pues Europa rompió sus lazos económicos y políticos con Rusia y la economía alemana se ha estancado por falta de energía barata. Sin embargo todo parece indicar que se cometieron varios errores de cálculo fundamentales: en primer lugar la economía rusa no se debilitó como se esperaba, pues ese país buscó exitosamente nuevos mercados para sus exportaciones; segundo, se produjo una alianza entre China y Rusia que Estados Unidos debió evitar a toda costa; tercero, una de las sanciones impuesta a Rusia como fue la congelación de sus reservas internacionales que tenían depositadas en bancos comerciales occidentales ha debilitado la confianza en el dólar como moneda de reserva y finalmente la guerra ha tenido un altísimo costo que ha afectado su ya preocupante déficit fiscal. Todos estos elementos son los que han provocado que el gobierno del presidente Trump haya decidido revisar la estrategia seguida en los últimos años.
Todo parece indicar que el objetivo principal del presidente Trump es fortalecer la economía de los Estados Unidos para “hacer a ese país grande otra vez”, lo que va a requerir una reducción importante de su déficit fiscal el cual ha llegado a niveles preocupantes ( 6.4% del PIB) y simultáneamente reducir también el déficit externo anual que superó los US$ 1,000,000 millones de dólares en los dos últimos años. Con ambas medidas busca mantener el papel hegemónico del dólar, lo cual es fundamental para consolidar la supremacía mundial. A su vez, con estas medidas también controlaría el aumento de la deuda pública, la cual al cierre del año pasado sobrepasaba los 35.7 billones de dólares (125% del PIB), cifra que muchos consideran impagable.
Para poder reducir el déficit fiscal el presidente Trump decidió nombrar al famoso empresario Elon Musk para que adoptara drásticas medidas para disminuir el gasto público. La suspensión de la USAID es el mejor ejemplo. Pero también sabe muy bien el presidente Trump, que tendrá que reducir el insostenible gasto militar de las últimas décadas, para lo que requerirá, entre otras cosas, forzar a Europa para que cargue con los gastos de su propia defensa, lo que equivale a decir que los países europeos tendrán que incrementar sus gastos en defensa sacrificando parte de sus programas sociales o mediante aumento de su endeudamiento.
El presidente Trump no sólo quiere acabar la guerra con Rusia por múltiples razones, sino que también ha dado señales de que está dispuesto a levantar las sanciones a ese país incluyendo la devolución de sus reservas internacionales que le tienen confiscada hace tres años. Lo que busca como esa medida es devolver a los inversionistas internacionales la confianza en el dólar como moneda de reserva. Incluso se está hablando en las negociaciones ya iniciadas en Arabia Saudita, de la posibilidad de que las empresas petroleras norteamericanas puedan volver a hacer negocios en Rusia.
Por otra parte al presidente Trump le interesa que no se siga fortaleciendo la alianza de Rusia y China, con el fin de debilitar a los BRICS y con ello evitar que esa creciente organización pueda crear un mecanismo de pagos internacionales que compita con el dólar como moneda de intercambio mundial. El impresionante aumento del precio del oro es una evidencia de que los BRICS están buscando afanosamente ese nuevo mecanismo.
Por otro lado, las amenazas de imponer nuevos aranceles a países con los cuales tiene saldos comerciales negativos es parte de su estrategia para reducir el extraordinario déficit comercial, que es su otro objetivo, aunque con esas medidas podría obtener también una mejor posición negociadora en otros asuntos de interés nacional, como son la migración, el tráfico de drogas y otros. En sentido general, Trump está convencido de que ninguna potencia hegemónica puede mantener por tiempo indefinido una situación deficitaria.
En conclusión, estamos presenciando un cambio radical en el juego geopolítico internacional que seguramente conformará un nuevo orden económico mundial del cual aparentemente nos podríamos beneficiar, por lo cual debemos seguir atentos a estos acontecimientos que se están produciendo con mucha rapidez.

