2025: Educación vs decadencia, civilidad contra barbarie

Al mundo lo han movido más las ideas que las guerras.

De hecho, los conflictos han sido efecto de ideas encontradas. Aunque bajo el ropaje de decisiones individuales y colectivas e intereses contrapuestos o en disputas, a los propios intereses los mueven ideas sobre, por ejemplo, el derecho que a ostentar esos intereses asuman determinados actores, grupos sociales, etc.

Sin una noción interiorizada como convicción, los intereses devienen débiles, inexistentes, hasta negar a sus portadores capacidad de auto concepción, consciencia de sí y para sí.

Los intereses —fuerzas poderosas que parecen mover todo— nacen de las ideas que sobre el lugar en el mundo, de sí en un entorno, hacen suyas actores sociales, políticos, económicos, etc., como derecho, destino razón de ser.

Este poder de las ideas transfiere urgencia y razón de ser a una educación cualitativamente superior.

Sólo personas educadas en la reciedumbre de los saberes y en las normas que rigen las conductas y actos sociales son capaces de aportar ese hacer mediante el cual las naciones, desde sus familias a sus organizaciones públicas y privadas, realizan unas misiones que —es avanzar en círculos y reitero— conceptúan como sus objetivos y razones para existir.

Son las ideas pues, las que construyen los senderos por los cuales han de transitar las sociedades.

Por ejemplo, en nuestro país, el gobierno y el sector industrial han fraguado un objetivo común, a mediano plazo: duplicar el PIB para el 2032.

Se trata de una idea rectora, estratégica; que obliga a trazar líneas de acción para conseguir tal meta.

Cuántas maquinarias, de qué tipo importar; qué tratamiento fiscal concederles, qué facilidades creará el gobierno; cómo se resarcirá a la mano de obra para garantizar su participación en un proyecto de tal naturaleza…

En fin, la idea de llegar a un punto determinando de desarrollo determinando qué ha de hacerse y cómo.

En su libro “La idea de decadencia en la sociedad occidental” (1997) Arthur Herman abocetó el rol de una idea explícita a favor del desarrollo como factor en pugna, enfrentado a aquella del pesimismo occidental.

Desde el pesimismo no se construye algo.

Resulta que, pese a los discursos sobre el fin de la civilización, la caída del capitalismo, etc., el mundo optó por producir más, vivir mejor, ir hacia un Estado de bienestar, ampliando los servicios gubernamentales a favor de sus ciudadanos, ampliando los mercados y haciéndolos inclusivos: que todo cuando alguien necesitara estuviese a su alcance en la proporción de los ingresos obtenidos por sus actividades.

Ese libro, además, dedica un importante apartado a la idea de civilidad.

Cómo desde los centros del poder europeo y desde el siglo XVII y el Iluminismo un objetivo central de la clase dominante y de las clases medias e intelectuales fue crear un mundo basado en las ciencias, que dignificara la calidad humana, que humanizara a la gente, que las hiciera partícipes de los estados constitucionales, basados en la relativa —y creciente— igualdad ante las leyes y las oportunidades.

Como ven, un proceso educativo general rigiendo.

En el 2025, entonces, hagamos de la Educación el motor del desarrollo nacional.

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