EL BULEVAR DE LA VIDA

Recordando a Edith Piaf

La pasión por vivir y amar de Edith Piaf resplandecía en sus grandes y luminosos ojos.

Era cantante de cabaret, la más célebre vedette de Francia, que alcanzó renombre mundial como símbolo del romanticismo. Triunfó por su voz desgarrada, emocionante, poderosa, sonora y palpitante, que a menudo arrancaba las lágrimas del público.

Piaf (gorrión, en francés) anduvo de gira por muchos países de Europa y América, deleitando con sus inspiradoras canciones, algunas compuestas por ella misma, como la inmortal “La vie en rose”, uno de sus mayores éxitos de la postguerra (que dio nombre a la conocida película sobre su vida)) y otras debidas a diversos compositores: “Hymne l’amour”, “Les trois cloches” y “Non je ne regrette rien”, en las que evocaba las penas y la dulzura del amor. Tal sensibilidad interpretativa la convirtió en la principal figura de la “chanson intime” francesa.

Pero durante toda su vida tejió una leyenda de dolor, enfermedad, tragedia, genialidad y destino fatal. Uno de sus amantes fue asesinado; otro, el boxeador Marcel Cerdan, murió en un accidente de avión, y su hijo querido murió de meningitis. Esta existencia azarosa y turbulenta la llevó a beber alcohol excesivamente y a consumir drogas por un largo tiempo, hasta que murió a los cuarenta y siete años.

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