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Puntos de vista sábado, 02 de julio de 2022

CONSULTORÍO DE COMUNICACIÓN

El valor de la honradez en la política

  • El valor de la honradez en la política
Freddy Ortiz Pujols
freddyjop@gmail.com

En sociedades como la nuestra se suele infravalorar aquellos, cuya actuación en la Administración Pública está regida por una fuerte reciedumbre moral, despojado de todas ambiciones.

Más aun en esta "sociedad y modernidad liquida” como acuñó el sociólogo Zygmunt Bauman, donde se tiene otros “valores” como referencias, en el que la ostentación ocupa un lugar primordial en el “modus operandi” de una gran parte.

Su norte no es el de acumular riquezas a costa del Estado, sino asumir un compromiso con la patria para contribuir a construcción de una mejor sociedad, donde prevalezca un Estado de derecho que garantice una calidad de vida digna para todos.

Sin importar el cargo que ocupen no sienten ínfulas de grandeza ni poder, sino que son consciente de que son administradores de la cosa pública de manera temporal.

Tal vez por tener esa visión no permiten que el “cargo” lo obnubile para permanecer humildes, porque por más altos que se sientan, saben que en algún momento tendrá que volver a su realidad, sin escoltas, parafernalia ni pleitesía.

Con el fallecimiento de Orlando Jorge Mera se reafirma de que obrar de forma correcta y decente en la vida pública siempre es el mejor camino. Los testimonios sobraron y aunque es común siempre “recordar y hablar bien de grandes muertos”. Su recorrido político avala que no arrastró macula en su paso por el Estado.

Por coincidencias de la vida, “mi tío político” ya fallecido Fidencio Alberto Vásquez Caamaño trabajó mucho tiempo muy de cerca con Jorge Mera cuando era presidente del Indotel del 2000 al 2004. Se desempeñó como director de gerente de servicios corporativos.  Tenían una relación de hermandad con sus familias

Previamente asumió la muy deseada Dirección Nacional de Presupuesto en el Gobierno de Antonio Guzmán (1978-1982) y  la muy ambicionada Dirección de Aduanas durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco (1982-1986), dos altísimos cargos que ocupó con gran integridad, saliendo igual o peor como entró, porque se comportó con el más estricto apego a la ética y pulcritud que requieren y exigen la administración de los bienes ajenos, como lo es el patrimonio público.

¿Por qué traigo esto a colación? Porque quiero significar algunos aspectos que dan motivo a escribir este artículo.

Existe la errada creencia de que todo aquel que ingresa a la política u ocupa un alto cargo en el Estado como funcionario es para enriquecerse o aprovecharse de su posición aun cuando las oportunidades se lo pudieran permitir, pero la fuerte convicción de manejarse apegado a los lineamientos éticos es una fuerte barrera para los que asumen posiciones con objetivos diferentes a solo engrosar sus cuentas bancarias o la de sus allegados. Tampoco vivir con jactancia ni altanería.

Fidencio solía decir en sus círculos familiares y amigos que “para él lo más grande era que les dijeran a sus hijos en el colegio que su padre era un ladrón, prefería morir pobre y humilde, sin robarse un centavo del Estado”. Como en efecto ocurrió, falleció en el 2009, sin dejar fortuna ni herencia. Solo un gran legado de honradez, y sencillez.

El autor es periodista y consultor en Comunicación  Estratégica con máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, España y máster en Dirección de Comunicación Corporativa en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).