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Puntos de vista lunes, 09 de mayo de 2022

PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Las congregaciones marinas y los jesuitas

  • Las congregaciones marinas y los jesuitas
Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
mmaza@belenjesuit.org

El Colegio Romano, fundado por San Ignacio de Loyola en 1551 reunía a profesores de gran calidad seleccionados entre todos los jesuitas, que entonces se acercaban a los 1,000 miembros. Entre ellos encontramos a un joven belga de 31 años, simpático y trabajador, Jean Leunis. Desde hacía un año era sacerdote.  Se desempeñaba como profesor de gramática. Sabía que, en el colegio de Siracusa, como en otras ciudades, se habían formado asociaciones de jóvenes con dos objetivos ignacianos: apoyarse mutuamente en la fe y juntos atender a las necesidades de los pobres.     El P. Leunis elaboró las reglas de la asociación. Los integrantes se comprometían a ir a misa diariamente, confesarse una vez a la semana y comulgar una vez al mes. Diariamente se les veía rezar el rosario o el oficio parvo, una serie de oraciones y citas bíblicas en honor de María, la madre de Jesús.

En tiempos del papa Gregorio XIII (1572 – 1585) la asociación del P. Leunis, fue aprobada canónicamente, mediante la bula Omnipotens Dei del 5 de diciembre de 1584. Convencido de que surgirían asociaciones similares, el papa la declaró la Prima Primaria, es decir, la primera de las que vendrían después. El misterio mariano que daba nombre aquella primera congregación era La Anunciación. Muy pronto en los colegios de la Compañía de Jesús de las principales ciudades de Europa nacieron congregaciones marianas similares. En 1585, un año luego de la muerte del P. Leunis 48 nuevas congregaciones se habían inscrito en la Prima Primaria de Roma. En 1655 ya eran 1, 459, antes de la supresión de la Compañía en 1773 pasaban de 2,500. Decenas de santos fueron congregantes, entre otros: Francisco de Sales y Juan Bautista de La Salle.

   En 1953 se creó la Federación Mundial de Congregaciones Marianas. Luego del Concilio Vaticano II, en 1967 las Congregaciones Marianas se transformaron en la Comunidad de Vida Cristiana (CVX). La CVX es una manera particular de seguir a Cristo, dirigida por laicos y frecuentemente asesorada por un jesuita. Es una sola comunidad mundial, organizada en pequeñas comunidades que quieren vivir en el mundo los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola compartiendo la espiritualidad, la comunidad y la misión. En 1971, Paulo VI aprobó sus estatutos. En RD, la CVX existe en Santo Domingo, Santiago e inicia en Dajabón.