MIRANDO POR EL RETROVISOR

Tokischa en el NYT, David Ortiz en un teteo y haitianos entre más dotados

Juan Salazar

Decía con razón el titular “Feminicidios empañan la Semana Santa”. La cantidad alarmante de asesinatos de mujeres ocurrieron pese a los llamados desde diferentes sectores para que la población dedicara ese tiempo a la reflexión y a asumirlo con comedimiento.

Esa realidad pone de manifiesto que la violencia desbordada y una delincuencia cada día más preocupante, hace mucho que no tienen tiempo favorito en el país.

Y en medio de esos feminicidios que como sociedad comenzamos a normalizar, otro hecho bochornoso envolvió a la institución que debe enfrentar ambos flagelos sociales, con la muerte del joven José Gregorio Custodio, luego de permanecer dos días detenido en una cárcel preventiva de la provincia San José de Ocoa. El cadáver del joven evidencia que recibió de los agentes de la Policía que lo detuvieron golpes contundentes en diferentes partes del cuerpo.

En otro caso que indignó a la población -porque se convirtió también en mediático como el del joven ocoeño- una patrulla de la Policía mató a tiros en marzo del año pasado a una pareja de esposos evangélicos en Villa Altagracia, cuando regresaban de un culto, al confundir su vehículo con el de unos delincuentes que perseguían.

Es una violencia tan contagiosa que la semana pasada afectó a un miembro de la laboriosa y siempre tranquila comunidad china residente en el país, cuando un ciudadano de esa nación le propinó una patada a una empleada dominicana, quien como respuesta mató al extranjero de una cuchillada.

Sucesos similares al del joven de Ocoa, de la pareja cristiana y ni hablar de los feminicidios, constituyen el pan nuestro de cada día, pero la mayoría se quedan en el anonimato, a menos que un vídeo difundido por redes sociales los convierta en virales o de que por las personas involucradas despierten el interés de los medios. 

Pienso que quienes trabajamos en medios de comunicación debemos hacer un “mea culpa” por asumir con indiferencia dos temas que deberían permanecer en las portadas de los diarios nacionales hasta tanto logremos una respuesta efectiva de las autoridades.

Una propuesta de reforma policial duerme el sueño eterno en una comisión nombrada para tales fines por el presidente Luis Abinader, mientras el ministerio público “independiente” se hace de la vista gorda ante dos problemas tan preocupantes, ocupando la mayor parte de su tiempo en parir “operaciones” con un marcado interés político.

En un país donde provoca igual pánico que dos personas se te acerquen montadas en una motocicleta o una patrulla policial para abordarte sin importar la razón, es porque la inseguridad ciudadana ha llegado a niveles que ameritan decisiones más allá de las coyunturales que regularmente se adoptan para bajar “la percepción negativa de la población”.

Los medios de comunicación, aunque han perdido el monopolio de la información ante el auge de las redes sociales, todavía conservan esa capacidad de presión capaz de doblegar la indiferencia oficial.

Solo basta retomar ese rol que tanto ha aportado a la democracia y la convivencia pacífica, en lugar de estar tan centrados en que la cantante urbana Tokischa apareció en la portada del prestigioso diario estadounidense The New York Times, o de que el ex pelotero de Grandes Ligas, David Ortiz, atravesó un teteo montado en su motocicleta, o que una investigación determinó que los haitianos están entre los más dotados del mundo.

Dar lo que genera tantos “views”, “entradas”, “compartido” y “me gusta”, sin perder de vista aquellos temas que fortalecen el prestigio y la credibilidad de medios que siguen siendo importantes referentes sociales.

Los medios de comunicación contribuyen a la solución de problemas sentidos de la población porque son capaces de crear opinión pública, trazar la agenda social e influir en la elaboración de políticas públicas que propicien sociedades más justas e inclusivas.

Es un valioso rol que debe mantenerse invariable, aunque por momentos las preferencias delineen un camino distinto.