OTEANDO
El nuevo fantasma, la reforma
Muchos políticos nuestros necesitan tener un fantasma al cual correrle, del cual esconderse. Les causa fruición tener permanentemente a qué oponerse, así sea a las mismas cosas que se les ocurren y reclaman mientras son opositores. El único requisito para que se verifique ese fenómeno es no estar en el poder. No les importa haberse despachado en determinada coyuntura con una propuesta “salvadora” respecto a los cambios de que precisa el sistema cuando se encuentran haciendo oferta política para alcanzar el poder. Si no lo alcanzan y al que lo logre se le ocurre implementar tales propuestas por considerarlas atinadas, oportunas y necesarias tienen el descaro de oponerse, ya porque nunca creyeron en ellas, ya porque su ego solo les permite ver las cosas como buenas y válidas sí y solo sí son ejecutadas por un gobierno suyo.
De lo anterior resulta que a todo lo que proponga el gobierno hay que oponerse de modo compulsivo y recurrente, como si se es mejor opositor mientras más se contradiga la gramática gubernamental. Por eso es tan difícil gobernar este país. La obstrucción al desempeño gubernamental no viene generalmente de la población -que no tiene educación política y siempre actúa corriendo como Vicente, donde va la gente-, sino de nuestra élite política que concibe su oficio como el famoso “arte de lo conveniente”. Pero no de lo conveniente para el pueblo, sino de lo conveniente para ella y, atendiendo a esa interesada actitud, nos fabrican mediáticamente los fantasmas a los que hay que correr y escondérsele.
El Consejo Económico y Social estrenó la mesa temática sobre Transparencia e Institucionalidad en el marco de la cual el Gobierno ha propuesto una reforma a nuestra Carta Magna que toque el tema de la independencia del Ministerio Público. Pero, ¡cáspita! El tema devino fantasmal. Los que más han abogado por la independencia del Ministerio Público imitaron a Jeremías. Y no faltó quien, haciéndose el más bruto de la cuenta, confundiera independencia con autonomía o quien dijera que ese tipo de reformas han dado mucha agua de beber y que necesitan estudiar más a fondo la propuesta gubernamental.
Así obran muchos políticos dominicanos. Aparece un presidente que quiere, no solo crear instituciones reales, sino quitar motivos a la población para pensar -hecha la reforma- que en las persecuciones del Ministerio Público el interés presidencial no es una variable neutra, entonces “huyen hacia la derecha”.

