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Puntos de vista lunes, 24 de enero de 2022

EL BULEVAR DE LA VIDA

De parto (La educación)

  • De parto (La educación)
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

 Cuando la partera es mala, sa­be bien el pueblo dominicano a quién se le echa la culpa.

Precisamente, echándo­le la culpa a la partera an­dan quienes afirman que ante el estan­camiento de la calidad de la educación dominicana, se debería reducir el 4% de PIB asignado a la Educación No Univer­sitaria (ENU) desde 2012, cuando debe hacerse todo lo contrario.

El Consejo Nacional de Educación, el Mi­nisterio, la Federación de padres, el sin­dicato de docentes y el resto de la socie­dad deben pasar balance a lo ocurrido, a lo logrado y lo estancado en la ENU des­pués de nueve presupuestos ejecutados, y a partir de los resultados, afinar la pun­tería… y actuar.

Veamos: En estos diez años, la ENU ha avanzado como nunca en lo que tiene que ver con la infraestructura, con la distribu­ción de accesorios y dispositivos, y con el establecimiento de una jornada extendida que ha sido “la madre de todas las bendi­ciones” para nuestras familias pobres que ahora pueden dejar a sus muchachos en la escuela a las ocho a.m. y recogerlos a las cuatro p.m., desayunados, merendados, almorzados y educados. En lo de EDUCA­DOS, en la calidad de esa educación, está la vaina.

Como ya se ha demostrado que en lo fundamental la calidad de la educación NO universitaria depende de la calidad de los docentes, ya sabemos todos “por dónde le entra el agua al coco”: por el aumento de la capacitación, responsabilidad, dedicación y cumplimiento de los docentes, profesores y maestros.

Entonces, manos a la obra, señor Gobier­no. Grandes avances no se logran con tími­das medidas. “Para pescar tilapias, hay que mojarse algo más que la espalda”.

De 2013 a la fecha, no existe un sector de los empleados públicos al que le haya sido mejorado tan sustancialmente (duplicado el salario, por ejemplo) sus condiciones sa­lariales y de trabajo, como se ha hecho con los 117 mil docentes del sistema. Esto debe continuar, pero con una estricta evaluación del desempeño de esos docentes, y el firme compromiso de ejecutar las acciones de de­puración necesarias, sin importar lo difíci­les e impopulares que puedan ser.

Y si Ud. es de lo que considera que la Educación es muy cara, imagínese lo que cuesta la ignorancia.

Si su duda persiste, revise las redes so­ciales de “lisensiados” de “hubieron” y “ello hay”, con el nivel de lectura comprensiva de un analfabeto funcional… y llore.