EN SALUD, ARTE Y SOCIEDAD

La asincronía entre los mercados de arte local e internacional, ¡qué pena!

Ignacio Nova

Cuando mi fallecido amigo, fundador del Movimiento 14 de Junio y entonces casado con una de las Mirabal, me preguntó el precio actual de una obra de arte de un artista dominicano y le dije, sólo alzó los brazos. Después de un segundo implorante los dejó caer. Las palmas de sus manos terminaron cubriendo los huesos estenoides, parietales y temporeales. Fue la imagen más penosa con la cual he podido escuchar decir ¡Qué barbaridad!

Él había pagado una gran suma, diez o quince años antes, por esa “obra de arte” que en aquél momento, cuando me la mostraba, había descendido tanto que su valor económico, sin temor a errores, a duras apenas triplicaba la sumatoria del precio de la tela, la pintura empleada, el bastidor que la sostenía, el marco y la mano de obra artesanal.

Es que el autor de aquella “obra” había decidido pintar entre cuatro y ocho piezas semanales y esperar RD$11 mil por cada una, para agenciarse un ingreso oscilante entre $44mil y $88 mil a la semana. Las piezas, generalmente 30x40 pulgadas, salían al mercado los viernes y eran distribuidas entre galerías, “coleccionistas” y otros actores del mercado de arte, incluyendo actores informales y las buhardillas, al precio de RD$12.5 mil para que llegaran al cliente final, enmarcadas, entre RD$18 mil y RD$25 mil.

Cuando el amigo me preguntó el precio, el dólar estadounidense se había cotizado hasta RD$47 por US$1 y, adicionalmente, el precio en el mercado de las piezas, por la sobre oferta, apenas alcanzaba RD$15 mil o RD$18 mil. Mi amigo había pagado RD$35 mil por la suya, cuando el cambio estaba a RD$3 por dólar. US$11,667.00.

Al momento que la evaluábamos, la pieza debía costar, manteniendo su precio en moneda extranjera del 1986, unos RD$548 mil.

Desde entonces mi amigo perdió todo interés por adquirir obras de arte. Y era natural. Sufrió una pérdida patrimonial demasiado onerosa.

Conducta similar ha venido siendo adoptada por otros artistas, lo que también ha continuado impactando negativamente la demanda de arte e incrementando el cinismo en los potenciales compradores y coleccionistas porque todos saben que el arte es un bien exclusivo y único. No repetitivo y serial.

Hoy, a esta experiencia lamentable, se agregan conductas que conflictuan más el mercado artístico.

Consiste en varios aspectos: a) un arte decorativo-mimético y sin valor cultural vendido como válido a los nuevos ricos; b) artistas que desde la más sórdida de las pobrezas pretenden precios en miles de dólares: tienen la nevera familiar vacía, las tarjetas de crédito en legal o bajo acuerdo de pago por moras y mal manejo; el vehículo total o parcialmente inusable por falta o daño de batería, reparación o —no lo duden— gasolina. Tambén c): el artista “genio”. Cree que un trazo de escasa pintura, un chorro o canal de pintura líquida, un “gesto” o, en fin, piezas hechas con el menor de los esfuerzos cualitativos y la menor inversión en materiales los constituye en modernos genios…