COLABORACIÓN

Dimensión política e Integración en la región

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José Manuel Castillo BetancesSanto Domingo

La historia de América latina y El Caribe en los dos últimos siglos ha sido, en buena medida, la historia de la confrontación de dos proyectos antagónicos.

El Panamericanismo que alcanzó su expresiónn más acabada en la doctrina de John Quincy Adams, aplicada por James Monroe, “América para los americanos”; y el Latino americanismo o boliviarismo, cuya síntesis más vibrante quizá sea aquella del apóstol de la independencia de cuba, José Martíí, cuando dijo: “desde Rio Bravo hasta la Patagonia hay un solo Pueblo: América”.

Así, lo que en el pensamiento de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José Martí, (y en la etapa contemporánea el maestro Juan Bosch), constituía un ideal, se ha convertido con el discursar del tiempo en una cuestión de vida o muerte. Un proyecto para la segunda independencia de los pueblos de nuestra América: O nos unimos o perecemos, condenados al subdesarrollo, tal es el dilema.

De modo que, en la historia de América Latina y el Caribe, la idea de la integración es tan antigua como el propio movimiento de independencia e institucionalización de los estados nacionales, pero ha quedado frustrada, limitada o torcida en su rumbo, debido a divisiones, caudillismos, visiones estrechas y fragmentadas. Concepción inequívoca compartida por grandes trataditas sobre el tema.

La iniciativa e intención de crear una gran nación cuya extensión abarcara toda la región de Latinoamérica y el Caribe, venía desde Miranda, quien ideó el nombre de Colombia para la que pudo haber sido una prodigiosa Patria latinoamericana. Simón Bolívar, el gran libertador independentista, en la carta de Jamaica (1815), expresa: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo”. Ya que tiene un mismo origen, una lengua, unas costumbres y una religión, deberían, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse”.[1]

Sin embargo, debemos observar que en esa noble visión primaria de unión latinoamericana, los Estados caribeños orientales no estaban representado en esa definición cultural, por lo que, más allá de la lengua y la religión debe tomarse en cuenta el territorio como premisa para la gran unión, y, así el Caribe oriental seria parte integral de esa histórica perspectiva integracionista, el gran sueño Bolivariano.

Bolívar llamó a la unidad política de las recién liberadas fracciones del imperio español. Además, intento darle forma a esa unidad política convocando al Congreso Anfictiónico de Panamá, (1826), que procuraba una unión o confederación de las ex colonias.

Para ello, tuvo que enfrentar la oposición de los países hegemónicos de la época, a los que con profunda y precoz visión señaló como los futuros responsables de obstruir el avance y desarrollo de los pueblos americanos. En esencia, aquí está la sabia que pretendió unir a las ex colonias en su lucha de resistencia frente a los afanes hegemónicos de las potencias coloniales.

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