Listin Diario Logo
16 de enero 2022, actualizado a las 09:32 p. m.
Login | Registrate
Suscribete al Listin Diario - News Letter
Puntos de vista viernes, 03 de diciembre de 2021

DOSSIER DIPLOMÁTICO

Diplomacia: Su “lenguaje profesional”

  • Diplomacia: Su “lenguaje profesional”
Manuel Morales Lama
embajadormanuelmoraleslama@gmail.com

 Con el propó­sito de lograr una eficiente ejecución de la política ex­terior, la diplomacia, como “canal ejecutor” de esa polí­tica, ha creado una serie de instrumentos, mecanismos y estrategias que se han ido depurando y consagrando mediante la eficacia en los resultados en su aplicación.

Entre los instrumentos con que puede contarse en este ámbito está el denomi­nado “lenguaje profesional de la diplomacia”, recur­so que facilita, a través de “cautelosas gradaciones”, formular una advertencia seria, cuando proceda de conformidad con las nor­mas de convivencia inter­nacional.

El lenguaje diplomático es una forma de expresión que permite quedarse por debajo de la exacerbación en los casos en que ello con­venga a los intereses del Es­tado que se representa.

Procede precisar que cier­tos términos de uso frecuen­te en el lenguaje cotidiano adquieren una especial con­notación en este campo. Así ocurre, entre otros casos, con el término “preocupa­ción”, que en el medio diplo­mático constituye “un llama­do de atención” que amerita respuesta. Asimismo, pero con implicaciones mayores, el denominado “llamado a consulta” al Jefe de Misión, que cuenta con “normas de ejecución establecidas” y su uso está limitado a determi­nadas situaciones, “expresa desagrado o un significativo desacuerdo” que, si bien sue­le solventarse mediante ne­gociaciones, podría también constituir el preámbulo de una situación más grave.

No resulta ocioso citar a Moreno Pino y a otros au­tores en relación a cómo el interés de exponer deter­minados asuntos con la pro­piedad y el tacto requeridos ha determinado la adopción de una serie de “frases con­vencionales” que, por afa­bles que puedan parecer, “poseen un valor de cam­bio conocido”. Así, cuando un Mandatario, un Canci­ller o un Embajador informa a otro gobierno que el suyo “no puede permanecer indi­ferente” ante determinada controversia, quiere signi­ficar que su gobierno inter­vendrá en esa disputa.

Si en su misiva o discur­so emplea frases como: “El gobierno de mi país ve con inquietud” o “ve con grave inquietud”, entonces es cla­ro que el gobierno que re­presenta se propone adop­tar una actitud enérgica en el referido asunto.

Si dice “en ese caso mi go­bierno se sentiría inclinado a reconsiderar cuidadosamen­te su posición” quiere decir que la amistad está a punto de “quebrantarse”. Cuando dice “el gobierno de mi país se siente obligado a formu­lar reservas expresas con res­pecto de…” dice en realidad que “el gobierno de su país no permitirá”.

La expresión “en ese caso mi gobierno se verá obliga­do a considerar sus propios intereses” o “a declararse li­bre de compromisos”, indi­ca que se prevé una altera­ción de las relaciones.

Si advierte a un gobierno extranjero que determina­da acción de su parte sería considerada “como un acto no amistoso”, deben inter­pretarse sus palabras como una amenaza tácita para la adopción de medidas reco­nocidas por la comunidad internacional.

Asimismo, cuando di­ce que “se verá obligado a declinar toda responsabili­dad por las consecuencias” quiere decir que está a pun­to de provocar un incidente que llevaría a la aplicación de medidas coercitivas. Y si pide, aun en los térmi­nos de la más exquisita cor­tesía, una respuesta, por ejemplo, para “antes de las seis de la tarde del día diez” su comunicación se consi­dera entonces, con funda­mento, un “ultimátum”.

Evidentemente, el uso “cuidadoso y selectivo” del lenguaje diplomático cons­tituye un valioso recurso. En cambio, su uso descui­dado o por desconocedo­res, puede otorgar a una si­tuación determinada una gravedad de la que en rea­lidad carece.