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Puntos de vista martes, 26 de octubre de 2021

POLÍTICA Y CULTURA

Trujillo no entendió la carta de Juan Bosch

  • Trujillo no entendió la carta de Juan Bosch
Tony Raful
tonyraful5@yahoo.com

Trujillo tuvo una contradicción fundamental con los grupos “poderosos” del país al arribar al Poder político en 1930. La llamada “clase alta”, que no era una clasificación sociológica rigurosa, sino más bien, los ricos de entonces, vinculados a negocios productivos en un país de economía básicamente rural, por lo demás, despoblado y agónico, vieron a Trujillo como un depauperado, un guardia sin carrera, un capataz de Ingenios al servicio de los invasores norteamericanos, un campechano sin apellido ilustre, un “guardia” pretoriano. Se le despreciaba, se le hería. Por su parte Trujillo entendió las reglas del juego político y no vaciló en perseguir a los patriotas alzados, quienes proclamaban su resistencia a la intervención militar extranjera en el Este, como una forma explícita de concentrar poder y obediencia para el impulso de una carrera personal ascendente. Sin embargo, Trujillo demostraría que su marginalidad social podía ser vencida. La mayor herida que le proporcionó la clase alta dominicana fue el rechazo a su solicitud de ingreso en el “Club Unión”, centro de apellidos “ilustres” de la época, cuando Trujillo era Jefe de Estado Mayor del Ejército.

Su inscripción fue rechazada por unanimidad. Pero, al alcanzar el Poder político en 1930, Trujillo embistió contra el “Club Unión”, no sin antes apadrinar solicitudes de ingreso de toda la oficialidad militar y escoger él mismo, al nuevo presidente de dicho Club. No satisfecho, luego lo disolvió, y lo sustituyó por el “ Club Presidente Trujillo”. Uno de los factores que unieron a Trujillo y Balaguer, tratándose de dos seres distintos, siendo Trujillo un mayoral de horca y cuchillo, y Balaguer un orador culto, lo fue en lo más profundo de la psiquis de ambos, un virtual complejo de inferioridad social que ambos padecían, aunque uno y otro provenían de estamentos distintos de la sociedad. Trujillo optó por la vanidad y la crueldad, Balaguer escogió la sencillez y la frugalidad dentro de aquel antro perverso. Trujillo desempolvó ancestros ridículos para blanquear la raza, Balaguer reivindicó en el discurso decimonónico, la cultura y la educación como fraguas de formación, pero viendo en Trujillo un vengador social que primitivo y bárbaro, ajustaba cuentas pendientes con quienes detentaban la alcurnia y aherrojaban con sus prejuicios a ambos. Trujillo fue definido como una “ fuerza de la naturaleza” por Balaguer. Mientras Trujillo era un pillo, Balaguer ostentó siempre un desprecio por la acumulación de dinero y el usufructo personal de riquezas. La contradicción flagrante, el espacio dubitativo entre ambos, se confirma en dos discursos pronunciados por Balaguer con apenas 4 meses de diferencia, uno ante el cadáver de Trujillo, lleno de loas, y el otro en la ONU, lleno de críticas. El mayor yerro de Trujillo fue no entender entonces la carta que le fue enviada por el profesor Juan Bosch el 27 de febrero de 1961, donde le advertía sobre su fin inminente, debido al cambio en la correlación de fuerzas políticas en el continente, y en la cual, le recriminaba su poder absoluto. Cuando Ramfis le comentó la carta de Bosch, que fue enviada al Palacio Nacional, Trujillo le dijo, que quizás Bosch sería el único de su enemigos, que llegaría un día a ser Presidente de nuestro país.