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Puntos de vista domingo, 24 de octubre de 2021

MIRANDO POR EL RETROVISOR

La vida Nespresso

  • La vida Nespresso
Juan Salazar
juan.salazar@listindiario.com

En un reportaje publicado la semana pasada por la agencia de noticias Associated Press (AP, por su sigla en inglés) sobre la incidencia de las pandillas en Haití, me llenó de estupor conocer el detalle de que muchos ingresan a estos grupos delictivos con apenas seis años de edad y ya en la adolescencia son capos.

Bajo la consigna de obtener dinero fácil y rápido, una gran cantidad de niños, niñas y adolescentes aspira ahora a ser emprendedor, youtuber, influencer o tener un productivo onlyfan, aun sea a costa de venderse a través de sus atractivos físicos, y en el peor de los casos, adentrándose en el mundo del crimen organizado.

La cultura de la impaciencia, afianzada por el uso masivo del internet y del móvil, lleva a una vida de resultados inmediatos, sin planes ni metas a mediano y largo plazo.

Recuerdo que cuando me notaba acelerado ante cualquier situación de la vida, mi madre me decía “la desesperación es causa del fracaso”. Luego en idénticas circunstancias escuché a otros adultos usar como consejo el refrán español “vísteme despacio, que tengo prisa”.

Era una manera de invitarme a pensarlo bien antes de acometer una tarea o de expresar algo de lo cual tuviera más tarde que arrepentirme.

Claro, no siempre me llevé del consejo y terminé pagando en muchos casos las consecuencias de apresurarme sin analizar los eventuales resultados de la loca prisa y de quererlo todo “ya”.

Y esa cultura de lo inmediato, tan arraigada en adolescentes y jóvenes inmersos en el mundo virtual, ha encontrado un nicho ideal entre quienes desde antes de la pandemia del Covid-19 ya eran consumidores compulsivos.

Se agotan los ingresos con una rapidez pasmosa y el tiempo nunca alcanza para tantas actividades que por igual generan el consumo de bienes y servicios muchas veces innecesarios.

Comprarlo todo por internet ahora es más rápido y sencillo, pese a los inconvenientes de aquilatar con tino la honestidad del vendedor y la calidad del  producto que adquirimos.

Algunos expertos ya usan incluso el término “Generación Nespresso” para referirse a la población que le resulta prácticamente imposible esperar cuando se trata de adquirir bienes y alcanzar metas que te incluyan en la categoría de ser humano exitoso.

Están totalmente desfasados los padres que procuran inculcar en sus hijos la necesidad de madurar los planes o de experimentar el placer de alcanzar objetivos fruto del esfuerzo, pues el tipo “cool” y gran filósofo social es el popular pinchadiscos que enarbola la frase “el que quiera perder su tiempo que me aconseje”.  

En esa carrera desbocada por la satisfacción inmediata de anhelos, no resulta extraño que cada día más adolescentes y jóvenes padezcan de ansiedad y depresión, principalmente cuando asoma la frustración ante la imposibilidad de lograrlo fácil y rápido.     

Algunos incluso terminan apelando al suicido ante la falta de herramientas para gestionar sus insatisfacciones por la falta de resultados inmediatos. O como los pandilleros haitianos. Según el reportaje de AP que cité al principio, la mayoría no logra alcanzar los 30 años de edad.

El fin de su existencia también se torna Nespresso