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Puntos de vista martes, 28 de septiembre de 2021

PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Benito Mussolini y el fascismo

  • Benito Mussolini y el fascismo
Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
mmaza@pucmm.edu.do

 Cuando en 1919 Benito Mussolini creó los Fasci Italia­ni di Combat­timento, usó dos símbolos: un haz de varas, evocando la unidad, rodeando un hacha, figura de la implacable justi­cia del nuevo orden fascista. Haz de varas y el hacha en­carnaban la autoridad de los magistrados romanos repu­blicanos.

Luego de la Primera Gue­rra Mundial (1914 – 1918), Italia era una sociedad pro­fundamente dividida. Los sectores poderosos italianos y la clase media vivían bajo un creciente miedo por tres motivos principales. Prime­ro, era evidente que obre­ros y campesinos italianos avanzaban hacia una mejor organización. Segundo, ahí estaba el ejemplo de Rusia bolchevique, su revolución del 1917, con su guerra civil y la terrible hambruna. ¿Se instauraría un régimen bol­chevique en Italia? Y final­mente, en las ciudades y el campo ocurrían frecuentes desórdenes.

El acucioso historiador que fuera R.A.C. Parker, pro­fesor del Queen’s College, en Oxford, estudió aquellos cre­cientes conflictos sociales de Italia.

R.A.C. Parker contó 781 huelgas locales en1914. En 1919, subieron a 1,800 y en el 1920, 2,000 paros locales afectaron a dos millones de obreros.

Fue en este ambiente de miedos, a inicios de la déca­da del 1920, que el socialista renegado Benito Mussolini se presentó como el líder un­gido capaz de salvar a Italia.

En aquella Italia donde to­do se discutía, “Il Duce” pro­ponía: “credere, obedire, combattere”.

No eran épocas para ra­zonar, Mussolini apelaba al irracionalismo y llamaba a desconfiar de intelectua­les y artistas. No eran tiem­pos, decía, para andar argu­mentando, se trataba elegir maniqueamente entre bue­nos y malos. Según Mussoli­ni, la violencia era “moralísi­ma, sacrosanta y necesaria”, con ella aspiraba a construir la unidad suprimiendo a sus opositores. El Estado contro­laría los sindicatos, se acaba­rían las huelgas. La juventud italiana sería educada para la guerra.

Llegaría a afirmar: “La concepción fascista de la vi­da resalta la importancia del Estado y acepta al indi­viduo solo en la medida en que sus intereses coinciden con los del Estado […] el fas­cismo reafirma los derechos del Estado como expresión de la esencia real del indivi­duo […] el fascismo a gran­des rasgos, no cree en la po­sibilidad ni la utilidad de la paz perpetua. Solo la guerra potencia al máximo todas las energías humanas e impri­me un sello de nobleza en los pueblos que tienen el valor de afrontarla” (R.A.C. Parker, Historia Universal Siglo XXI, Vol 34, 1974: 179).