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Puntos de vista martes, 28 de septiembre de 2021

AGENDA SOCIAL

Integración latinoamericana

  • Integración latinoamericana
Margarita Cedeño
@Margaritacdf

El panorama político internacional de América Latina se mantiene convulso y demuestra las distancias aparentemente insondables entre los países que conforman el subcontinente. La más reciente cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) dejó entrever las divisiones entre los actores de la región y las dificultades subyacentes para acordar un concepto de bienestar y de integración que otorgue sentido a los organismos creados con ese fin.

Luego de cuatro años sin un encuentro de los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y El Caribe, lo cierto es que observamos un foro que dejó en manifiesto la poca unión latinoamericana y la devaluación de la cooperación como moneda común para la solución de los problemas de la región más desigual del planeta.

El debate se centró en diferencias ideológicas y en propuestas de reforma institucional que se han sopesado por muchos años, sin que las mismas encuentren terreno fértil en la comunidad de países.

Los compromisos asumidos en torno a la crisis económica, las secuelas de la pandemia del COVID-19, el cambio climático y la deuda social latinoamericana, han resultado ser muy tímidos y conservadores. De hecho, los pocos acuerdos alcanzados han quedado perdidos en la lucha ideológica y en la discusión sobre los regímenes que en la región han hecho a un lado los principios democráticos y que permiten violaciones a los derechos humanos. La mayor dificultad que enfrenta la región para acordar un plan de integración realista estriba en las diferencias entre los valores que se aplican en cada una de nuestras democracias. Antes de encontrar una ruta en común, primero debemos construir los cimientos de lo que significan la soberanía, la democracia, los derechos humanos, la tolerancia política, el respeto a las libertades públicas, la no discriminación, y otros principios más, en todos nuestros países, sin que existan disonancias que motiven la salida de uno u otro país cuando se presentan los vaivenes de la política.

El ejercicio de integración latinoamericana ha tenido varias etapas. En cada una se ha podido avanzar, aunque sea de una manera tímida. Pero en el contexto actual, estamos verdaderamente estancados, a pesar de que nos enfrentamos a un contexto que hace de la integración, una necesidad perenne y urgente.

La integración de la región no se puede limitar al discurso de la derecha contra la izquierda. Por el contrario, hace falta un trabajo concreto de combate a la pobreza y la desigualdad, de protección al medio ambiente y respeto de los derechos humanos, para que América Latina pueda mostrar verdaderos avances en su desarrollo.

Hay que priorizar la integración en la región, promover una relación productiva entre los pueblos de América, con base a un compromiso de un plan de trabajo que priorice el desarrollo económico con sentido social e inclusión. Ese es el camino.