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Puntos de vista miércoles, 22 de septiembre de 2021

ORLANDO DICE...

A veces sin querer

  • A veces sin querer
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice

No se conoce de ningún partido del sistema que haya toma­da medidas internas para protegerse de los dineros del narcotráfico.

Uno salió a camino a dar seguridades, pero un chusco que no habla inglés replicó ¿ y qué de la planta aquella?

En el dominio del cinis­mo el más cara dura es rey.

Los partidos confían que el pecho apretado de la opinión pública se le cure solo, y que poco a poco el peligro vaya desapare­ciendo sin hacer nada al respecto.

Unos demandan de que el tema sea incluido en el Diálogo, como si fuera un zafacón tan grande que cabría todo tipo de basu­ra.

Otros entienden que la oportunidad de la revi­sión y enmienda de la Ley de Partidos se presta para resolver esa situación, de la que se dan por sorpren­dido, aun cuando el es­cándalo lleve nombre de persona, y esta tenga mi­litancia conocida.

Ninguno hace nada pa­ra corregirse y evitarse la afrenta. Dejan que sea la DEA que ubique a los da­ñados y que sea el minis­terio Público indepen­diente que los identifique, que el Ejecutivo conceda la extradición y el gobier­no norteamericano agra­dezca la colaboración.

El hecho existe, pe­ro no se admite que pasó de fenómeno a riesgo de la institucionalidad, pues las condiciones se crean –aparentemente– sin que­rerse.

Las culpas van todas a aparar al voto preferen­cial, pero se olvida a posta que la Ley de Partidos fue derogada en parte por un fallo del Tribunal Consti­tucional.

Los partidos, sin que mediara legislación, te­nían en sus estatutos co­mo norma de principio que nadie podía aspirar a un cargo de elección po­pular sin contar con deter­minados años de militan­cia.

Incluso se conoce el ca­so de un joven a quien se le frustró una candidatura ascendente con ese alega­to, que en su momento se vio como injusto.

Pero esa era la regla, y se impuso la maldad, con los reglamentos a favor.

El TC, que se conside­ra un órgano de derecho, no político, quitó la valla y ahora corre todo el que quiere, aunque haya lle­gado el día anterior a la organización.

El narco provee al transfuguismo.


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