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Puntos de vista jueves, 22 de julio de 2021

EL BULEVAR DE LA VIDA

Galeano y Haití: Palabras prestadas

  • Galeano y Haití: Palabras prestadas
Pablo McKinney
pablomcKinney@gmail.com

Ante una tragedia más, -esta vez el asesinato de su presidente-, he vuelto a leer lo escrito por Eduardo Galeano sobre Haití, y de él tomo prestadas las siguientes palabras: “Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias (...) y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. (...) La abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana  de 1804.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado. (...) y para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves  llenas de soldados, pero los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. (...) En 1804 heredaron una tierra arrasada (...), un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte.

Así, a poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. Una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar”.

Hasta aquí las palabras prestadas de Eduardo Galeano. Nunca está de más repasar la historia para recordar de cuáles polvos,- de los malos-, (polvos coloniales de esclavitud y horror), vienen estos lodos de muerte en vida o simplemente de muerte. 


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