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Puntos de vista miércoles, 21 de julio de 2021

COLABORACIÓN

De la crisis internacional de los precios

Ramón Pérez Fermín

De los escritos de Yanis Varoufakis, ministro de finanzas efímero del gobierno que encabezó en Grecia Alexis Tsipas, aprendí que si no puedes explicar las grandes cuestiones económicas de forma que los jóvenes las puedan entender, es porque ni tu mismo las entiendes. Por ello, la crisis internacional de precios de hoy día debe ser explicada con sencillez y sin complicaciones mayores.

La revalorización sostenida que exhiben la mayoría de las materias primas, invita al debate para establecer las razones del comportamiento alcista de dichos precios; por un lado se esgrime que estamos frente a un comportamiento transitorio del aumento de las mercancías, como consecuencia del desfase de la oferta y la demanda, fruto del paro abrupto de la sociedad en el primer trimestre del 2020, mientras que por otro se afirma que nos encontramos frente a un súper ciclo de materias primas, imputable a las mismas causas.

Al margen de cualquier ponderación técnica, lo cierto es que los hidrocarburos, los metales, tanto los preciosos como los industriales, así como los productos agrícolas y los cárnicos, acusan una vertiginosa apreciación con respecto al valor que tenían estos, vis a vis en el 2020.

La cotización internacional al alza se percibe por igual en la madera, el Clinker, la palanquilla de acero, los plásticos de la construcción, entre muchos otros productos que engrosan la lista de commodities que están más “CAROS” aquí y fuera. Idénticamente el precio de los fletes marítimos, sobre todo los de procedencia asiática, presenta un aumento de hasta 500% con respecto a su valor en el pasado reciente.

La revisión de los principales índices de materias primas como el Goldman Sacks Commodity Index, y el Bloomberg commodity index y su robusto desempeño en los últimos 15 meses, confirman la percepción de carestía global.

A partir de lo descrito, se suscita la interrogante de si el aumento de los commodities en todo el mundo se ve acicateado por el incremento de las ayudas sociales desplegadas por los gobiernos como paleativo a la ralentización económica, colocando de paso mayores recursos de lo habitual en manos de los ciudadanos, generando por ende mayor demanda de bienes y servicios, al tiempo que los capitales de referencia del mercado de valores, buscan presumiblemente refugio anti inflacionario en fondos destinados a la inversión en materias primas.

A contra pelo, se cierne una lectura distinta de lo que acontece; el inicio de un súper ciclo.

De la ponderación historiográfica del comportamiento reciente de la economía mundial, se destacan dos hitos que pudieran ser determinantes para catalizar dichos períodos, siendo el primero de estos, el término de Breton Woods, acuerdo firmado en 1944 que redefinió las políticas económicas de corte mundial. Su finalización, generó marcadas pendulaciones en los mercados, consecuencia del dejar atrás el paradigma del patrón oro-dólar así como la fuerte apreciación del valor de los combustibles fósiles.

El otro período estrella del pasado reciente de las materias primas, se ubica a principios de siglo y se le imputa al despertar de China y su demanda de commodities, razón que sumada al paquete de estímulos desplegados en las economías referenciales, como matiz financiero luego de la crisis financiera global (CFG) DE 2008, cuyo vector responsable directo fue el abrupto colapso del mercado inmobiliario de USA y el subsecuente estallido de la crisis que generaron las hipotecas sub prime, determinó un fuerte incremento en el valor de los commodities.  Además de ello, la denominada ¨gran recesión¨, develó entre muchas otras cosas, las importantes falencias del sistema regulatorio financiero vigente hasta entonces.

Ya sea el desequilibrio pronunciado de la oferta y la demanda o el supuesto del súper ciclo, la economía dominicana no está exenta de las consecuencias de la inestabilidad internacional, razón por la cual es mandatorio hacer conciencia de que la pretensión de no vernos afectados todos, tanto individual como colectivamente, además de poco objetiva, es irreal.

En todo caso, la gestión del presidente Luis Abinader avanza con pie firme en la consolidación de nuestro país como receptáculo de inversiones para el reordenamiento logístico de capitales de procedencia norteamericana (nearshoring),  así como en el relanzamiento de la producción agrícola criolla, mientras pone en marcha programas focalizados de asistencia y apoyo a áreas sensibles de la economía, que se complementan con herramientas para el acceso a financiamiento a micro, pequeños y medianos empresarios para que puedan junto al Estado palear satisfactoriamente los embates de esta crisis mundial.

Las acciones desplegadas desde el ejecutivo empiezan a germinar en la dirección de la recuperación plena de la economía dominicana, cuyo funcionamiento es tildado de modélico con respecto al benchmark regional, al tiempo que organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Comisión Económico para América Latina (CEPAL), destacan las bondades de nuestra economía y el clima de estabilidad macroeconómico del país, que se traduce en marcado confort para la inversión extranjera.

Y es que, el gobierno dominicano concentra sus mejores energías en sortear con éxito la incertidumbre financiara internacional y no en diatribas politiqueras cuyo resultado siempre trilla el sendero de la intrascendencia o la inutilidad.


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