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Puntos de vista viernes, 09 de julio de 2021

ORLANDO DICE…

De la democracia no

  • De la democracia no
Orlando Gil
gil@claro.net.do / @orlandogildice

Vivo en una isla, pero no soy una isla. La muerte de Jovenel Moïse me disminuye, porque soy parte de ese continente que es la humanidad.

Los versos de John Done parecen un rezo, y aun cuando no sean oración diaria en la misa, sí un credo permanente de solidaridad.

Una forma de dolor y de compartir un destino común. No preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti.

Además, el quinto mandamiento no deja dudas del designio superior: No matarás.

La muerte del presidente haitiano fue horrorosa y cruel. Doce balazos denotan saña y afán de que no sobreviviera al ataque.

El magnicidio demuestra que la violencia que asuela a ese país no se detendrá ante la puerta del despacho de nadie, y ni siquiera de los aposentos familiares.

Hasta ahí todo bien.

Lo que no veo y me resisto a aceptar es que Jovenel Moïse sea un mártir de la democracia, que su asesinato sea un atentado a la democracia haitiana.

¿ Cuál democracia ? El régimen que encabezó podía ser gobierno, y a medias, pero no democracia. El suyo fue un ejercicio fracasado, y todos los poderes anulados.

Empezando por el Ejecutivo, cuya legitimidad, primero, y legalidad, después, estuvieron bajo fuertes cuestionamientos, incluso en las calles, y con apoyo de la Iglesia. 

El Legislativo tampoco funcionaba, había cesado, y no había manera de realizar elecciones que renovara su matrícula.

No puede haber democracia en un país que se gobierna por decreto, o se toman decisiones por capricho, como fue sustituir a su actual primer ministro Claude Joseph por Ariel Henry, que en peor limbo no puede estar.

Todo un naufragio de institucionalidad, si a ese cuadro tan patético se agrega que la Suprema Corte de Justicia, un poder establecido, no tiene titular.

El Covid19 dispuso de su vida, creándose un mayor vacío de gobernabilidad, pues el presidente de la Suprema es el supuesto en la sucesión.

Haití no solo es un Estado fallido, también gobierno castrado, y una democracia frustrada. Moïse será mártir de cualquier situación, pero no de  democracia.