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Puntos de vista sábado, 19 de junio de 2021

ASUNTOS DE DERECHO

El vampiro de Du¨sseldorf

MATIAS MODESTO DEL ROSARIO HIJO

 El vampiro de Düsseldorf, na­ció en mayo del 1883 en Mül­heim, imperio Aleman, y murió condena­do a la guillotina. Fue un criminal, asesino en serie y depredador sexual. Peter Kürten, más conocido co­mo El vampiro de Düssel­dorf por los asaltos sexua­les que llevó a cabo entre febrero y noviembre de 1929 en la ciudad de Düs­seldorf.

Kürten ganó la fama de “vampiro” al afirmar du­rante su juicio que había bebido la sangre de algu­nas de sus víctimas. Fue el tercero de trece hermanos en el seno de una familia extremadamente pobre.

Peter presenció cómo su padre, un alcohólico y vio­lento trabajador en paro, maltrataba a su madre e, incluso, violaba con total impunidad a algunas de sus hermanas menores.

Así fue como a la edad de ocho años, Kürten se es­capó de su hogar familiar y dirigió sus pasos al mun­do de la delincuencia en la ciudad de Düsseldorf.

A los 9 años, realiza sus primeros asesinatos cuan­do ahogó a dos amigos mientras se bañaban en el Rin.

A excepción de estos dos casos aislados, Kür­ten fue intercalando sus pequeños actos de delin­cuencia con breves pasos por la cárcel para pagar sus fechorías. También fue contratado como perre­ro donde experimentó el “placer” de torturar, violar y matar a perros abando­nados.

No fue el único caso en la vida de Kürten donde experimentaría experien­cias sexuales y torturas a animales.

Sus violentas tenden­cias se fueron incremen­tando a medida que se iba haciendo mayor. Paralela­mente, Kürten necesitaba trasladar esas experiencias sanguinarias de animales a humanos. El 13 de ma­yo de 1913, Kürten me­rodeaba una casa presun­tamente vacía para robar, pero en ella se encontraba Khristine Klein, una niña de trece años que dormía en su habitación.

Peter, tras comprobar que no había nadie en la casa, estranguló a la jo­ven para terminar dego­llándola. Una de sus vícti­mas (Rosa Ohlijer, de ocho años de edad) fue apuña­lada trece veces con unas tijeras y tras beber su san­gre, quemó su cuerpo con gasolina.

En septiembre, mató a una mujer con un martillo. Y el 29 de agosto, llegó al punto álgido de su locura al matar a una niña de cin­co años y enviar a un pe­riódico local el mapa de la tumba de la asesinada.

Estos asesinatos hicie­ron que la ciudad de Düs­seldorf viviera en un con­tinuo estado de histeria. Nadie se atrevía a cami­nar solo por las calles de la ciudad. Las autoridades ofrecían una suculenta re­compensa por quien diera pistas sobre la identidad del asesino. Así, el 24 de mayo el vampiro de Düs­seldorf fue localizado y arrestado.

Kürten confesó haber cometido 79 delitos. La sentencia fue morir gui­llotinado por nueve ase­sinatos, siete intentos frustrados y no menos de 80 agresiones sexua­les. Peter Kürten fue eje­cutado en Colonia el 2 de julio de 1931.3 Tras su eje­cución, su cabeza fue di­seccionada y momificada, y en la actualidad se con­serva en un museo de Wis­consin Dells, en los Esta­dos Unidos.

El caso Kürten es impor­tante en el mundo de la criminología al dar a la po­licía de todo el mundo ele­mentos que son clave en la evolución de cualquier asesino en serie.

Él arguyó como la prin­cipal razón para cometer los asesinatos su pasión desenfrenada por beber la sangre de sus víctimas (de ahí su apodo del Vampiro de Düsseldorf) y su placer sexual en el momento de la ejecución. Aunque du­rante el juicio, el asesino también reconoció que su principal motivación con­sistía en “aleccionar a una sociedad opresiva”.