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Puntos de vista viernes, 18 de junio de 2021

ORLANDO DICE...

Pan chiquito no conspira

  • Pan chiquito no conspira
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice

 El fenómeno no es nuevo, inclu­so recurrente: el alza generali­zada de precios de los productos de la ca­nasta básica.

La gobernabilidad es asunto de todos los días, y ya se sabe que cada día trae su problema, y que hay que buscarle solución.

Como le han llegado mu­chas cosas que no mandó a buscar, también la inflación, que en primera instancia la administración niega, pero que igual existe.

El pan chiquito de agen­tado saca la cara, como si fuera lo principal, y como inconveniente de ocasión, dice cómo se resuelve lo su­yo. Con un subsidio a la ha­rina.

La situación, sin embar­go, es más grave, y quedar­se en el pan chiquito sería coger rábano por las hojas. La verdad es que todo ha subido.

Y la culpa no es ni puede ser del gobierno, aunque si es­tá obligado a gestionar la cri­sis, pues todo lo que empieza política, termina política.

Si un bien alimenticio escasea, la salida no es de­nunciar especulación, ni oficializar teoría de conspi­ración, sino colocarlo en el mercado.

No hay escasez de pro­ductos que un cañonazo de furgones no solvente. La producción nacional es im­portante, y debe protegerse, pero primero la gente, y ya no como consigna de cam­paña.

La importación no es op­ción, es la única, pues el malestar demanda reme­dio, y este no debe retardar­se. No es la vieja cuestión de “hambre que espera har­tura…”, sino írsele alante al deterioro.

Los organismos de inte­ligencia conocen de accio­nes, y posiblemente con nombres y apellidos, pues más fácil la fábula que la realidad.

La economía tiene cu­ras que fueron efectivas en circunstancias pareci­das, y la política haría el resto, manipulando, pe­ro con caldero lleno. Si no hay, no hay, y en esas con­diciones no hay discur­so que modere o atempe­re los padecimientos de la población.

El pan chiquito es impor­tante, pero solo en los cen­tros urbanos, en los pueblos o en los campos, la gente le busca la vuelta y no se des­espera como para asaltar la Bastilla.

El pan chiquito, por mu­cho que se diga, no puede conspirar.