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Puntos de vista miércoles, 16 de junio de 2021

ORLANDO DICE...

Política sin parqueo

  • Política sin parqueo
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice

 Si la política se de­ja quitar el par­queo y su carro va a la calle, que no se queje si se lo lleva una grúa. Las seña­les suficientes: no cambia realidad, pero sí estado de ánimo.

No solo le están vedan­do la entrada a los órganos claves de la gobernanza, sino al gobierno que debe compartir con sociedad ci­vil y sectores ambiguos

 Una dirigente oficialista explicaba las razones por las que sus compañeros de partido no son nombra­dos, y lo que dijo llora an­te la presencia de Dios.

Los partidos asumen candidatura, hacen cam­paña, van a elecciones, ganan el gobierno, pero a la hora de poder no tienen personal en condiciones de desempeñar una posi­ción.

Obsérvese si no a la ad­ministración pública y se verá lo que se protesta: gente de militancia parda que la oportunidad le ca­yó del cielo.

Ya no vale lo que fuera norma en otros tiempos. Eso de ganar un puesto con el sudor de la frente pasó a la historia.

Al sudoroso le tocará sombra para que descan­se y se refresque, mientras que el perfumado que en­tró por la puerta de atrás, encontrará mesa servida.

El político-político, no es que apeste, sea lepro­so, pero tiene que buscar su seto y saber que traba­jó para el inglés que cobra capital e interés.

Con los espacios redu­cidos, más que difícil la supervivencia: ni en altas cortes ni en el gobierno central.

La situación provocará consecuencias, y no impo­sibles de adivinar. Las ba­ses, cansadas de que las pisen, un día se quitarán del medio.

Las campañas serán juegos de cieguitos.

Aunque lo que debiera intrigar sería circunstan­cia peor. La de que el polí­tico sin parqueo, con carro a la intemperie, no solo se lo lleve la grúa, sino que se lo incauten y se quede a pie.

Los llamados outsiders están ganando terreno, y aunque aquí no llegan to­das las modas, los con­tagios están en el aire, y nunca se sabe.

Y lo más importante. No culpa del tiempo, ni de España. Culpa del polí­tico, que se olvida del hu­mor de la gente.