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Puntos de vista martes, 25 de mayo de 2021

PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Comprender el terror revolucionario para no justificarlo

  • Comprender el terror revolucionario para no justificarlo
Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
mmaza@pucmm.edu.do

 El terror revolu­cionario siempre ocurre en una si­tuación deses­perada, real o inventada. Ya el 27 de agos­to de 1791, luego de la fraca­sada huida de la familia real, los monarcas Prusia y de Aus­tria, hermano de María Anto­nieta de Francia exigían a los revolucionarios la seguridad de la familia real. Durante el 1792, el Duque de Brunswick prometió deshacer la obra de la revolución y matar a todo opositor. En septiembre de 1792, cuando los austríacos penetraban en Francia, ban­das revolucionarias exalta­das asesinaron a la mayoría de los presos de París, entre ellos, a 300 sacerdotes nega­dos a jurar la constitución. Allí murió, el beato haitiano, antiguo jesuita, Jacques Bon­naud. El 1792 se cerraba con victorias francesas en Niza, Saboya, también a lo largo del Rín y en los Países Bajos. El 1793 abrió entre negros presagios: luego de la muer­te de Luis XVI, Holanda, Es­paña, Nápoles e Inglaterra se sumaban a los enemigos de Francia. La patria peligraba. Se reclutaron 300,000 fran­ceses.

En la Convención los gi­rondinos federalistas adver­saban a los centralistas jaco­binos. Mientras tanto, desde marzo, 1793 la región de La Vendée se levantó en armas contra la Convención. Se de­clararon católicos tradiciona­les, devotos del corazón de Je­sús, monárquicos y contrarios al reclutamiento de su juven­tud para las mortales guerras revolucionarias. Ese conflicto costó 500,000 vidas.

La tensión aumentó el 1 abril, cuando el General Du­morriez traicionó pasándo­se a los austríacos. Seis días después nacía el comité de Salud Pública con plenos poderes para combatir a los contrarrevolucionarios. En junio de 1793 los girondi­nos fueron apresados, más tarde un grupo será guilloti­nado. Luego del asesinato de Marat por una simpatizante de los girondinos el 13 julio, 1793, el terror se acrecen­tó, no solo contra los nobles y sacerdotes refractarios, si­no contra los enemigos per­sonales e ideológicos del ja­cobino Robespierre. Cayeron su rival Dantón y los heber­tistas, promotores de refor­mas sociales. Varias ciuda­des se levantaron contra la París jacobina, entre ellas, Lyon, la segunda ciudad de Francia, Burdeos y Marsella. La represión fue implacable. Lyon sometida por Fouché fue rebautizada “Ciudad li­berada” y una tarja avisaba: “Lyon declaró la guerra a la libertad, ya Lyon no existe”. Francia derrotó a sus enemi­gos externos. El Incorrupti­ble Robespierre logró aterro­rizar hasta sus partidarios. Evaluemos el terror.

El autor es Profesor Asociado dela PUCMM