POLÍTICA Y CULTURA

Vela Zanetti y las debilidades humanas

Tony Raful

José Vela Zanetti es uno de los grandes pintores y muralistas españoles, que vivió en Santo Domingo y dibujaron sobre el orbe isle­ño las rocosidades y las mar­chas triunfales del heroísmo nacional. ¿Cómo hablar de Vela Zanetti, sin inclinar la ca­beza ante su arte y consagra­ción sublime? En una de sus coartadas estéticas presencia­mos el mural grabado en el Palacio del Congreso Nacio­nal, donde tipifica las jorna­das del desarrollo humano y social desde la fundación de la ciudad de Santo Domingo, cruzando por la destrucción del ciclón de San Zenón, cul­minando con la efigie monta­do a caballo del generalísimo Trujillo insuflando las gaitas del destino nacional. Como el tirano no podía ser ignorado en aquella dictadura horri­ble, Vela Zanetti nos dejó las claves ocultas de su profun­do desprecio por aquel mon­taraz verdugo de pueblos y destinos. Aunque la historia trasquiló ya esa efigie com­pulsiva de Trujillo marcando el porvenir de la nación, de­lante de congresos de dipu­tados y senadores serviles e indignos, Vela Zanetti, en el dibujo de Trujillo en cabal­gadura briosa, dejó una de las patas delanteras del pen­co en el aire, que en la tra­ducción de la cultura popular y animista significaba mala suerte para Trujillo.

En otra ocasión Vela Za­netti pintó 18 murales para la gran obra del “Monumento a la Paz de Trujillo”, en San­tiago, quien al observar una de las pinturas que adornaba el monumento erigido en su honor, provocó que no se in­augurara y que abandonara el lugar presuroso. Esa área que desde entonces se cono­ce como “el mural de la dis­cordia”, simboliza a un hom­bre, de espaldas, luego de romper una cadena que, se­gún Zanetti, simbolizaba la ruptura por parte del pueblo esclavo de la deuda externa. La razón esgrimida por Truji­llo fue que en el país no había que romper ninguna cadena porque no había esclavitud.

Cuando el escritor vas­co, Jesús de Galíndez fue secuestrado en la ciudad de New York el 12 de mar­zo de 1956, se procedió a una investigación a car­go del Director interino de la Policía de N.Y. el Sr. Wal­ter Arm, quien al registrar el apartamento donde vivía Galíndez, encontró un do­cumento de puño y letra de Galíndez donde decía que si le sucedía algo, había que investigar al dictador Rafael Trujillo, y hablar con Vela Zanetti, quien era su ami­go personal, quien vivía en New York, próximo al apar­tamento de Galíndez, quien podría dar datos que Galín­dez le había revelado sobre quién sería sin dudas el au­tor de su desaparición. Tan­to Galíndez como Zanetti se reunían y conversaban. La idea de Galíndez ante su se­cuestro, del cual estaba pre­venido, luego de haber de­nunciado a Trujillo, era que su amigo Zanetti, le infor­mara a la policía la sospe­cha legitima sobre quien re­caía aquel suceso. Zanetti se declaró ajeno a cualquier ti­po de opinión ante la policía sobre Galíndez. Fue eviden­te que Galíndez lo citó para el testimonio postrero acu­satorio a Trujillo. El inmen­so artista que fue Zanetti tuvo entonces debilidades humanas, negó a Galíndez como Pedro a Jesús hace veinte siglos.