EMPEZÓ HAINA A MOLER

El azúcar ¿La nueva droga?

Aliany Concepción

El azúcar blanco o sacarosa, extraído principalmente de la caña de azúcar o de la remolacha, es utilizada para dar más sabor a los alimentos, para hacerlos más apetecibles al gusto, especialmente en el ámbito de la repostería ¿Porque a quién no le agrada un dulce?

Este producto está presente de forma natural en la mayoría de los alimentos, en las frutas, verduras, en forma de fructosa, glucosa, formando también sacarosa, pero de una forma menos densa.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “no existen pruebas de que el consumo de este tipo de azúcares tenga efectos adversos a la salud", son parte de una alimentación equilibrada al contener otras fuentes nutritivas tan importantes como las vitaminas, entre otros.

Esta sustancia (azúcar de mesa, azúcar refinada) tiene un potencial poder adictivo, ya que al consumirla, genera a nivel neurológico un estímulo en el núcleo accumbens (región cerebral responsable de clasificar las sensaciones que percibimos: sensaciones positivas, negativas, el placer, los tan conocidos procesos de recompensa en las adicciones).

Alimentarnos es una de las necesidades básicas de la vida y si de paso es placentera pues buscaremos aquellos alimentos que, aún sabiendo que no son del todo saludables, continuamos consumiéndolos. Podemos realizar una comparativa con otras sustancias adictivas, como por ejemplo el alcohol, cocaína, etc. Por nuestra búsqueda constante del placer, pero en esta ocasión a través del gusto.

La OMS recomienda que “se debería reducir a menos del 10% de la ingesta calórica total", ya que la azúcar refinada sólo aporta calorías vacías, no aporta ningún tipo de nutriente, ausencia total de vitaminas, minerales y su consumo se relaciona con la obesidad y por ende con muchas enfermedades que nos afectan de manera directa en nuestro bienestar físico y mental.

Por algo será que las industrias añaden cada vez más azúcar a los productos que consumimos.

No creo que sea por nuestro bienestar, más bien por beneficio propio; para hacer el producto más apetecible y así de manera sutil hacernos “adictos” a sus productos y por tanto el aumento de ganancias económicas.

Es frecuente en algunos pacientes en proceso de deshabituación tener a mano caramelos, ya que en momentos de impulsividad por consumir (craving), el dulce “engaña” al cerebro y le “calma” en muchos casos las ganas de consumir, pero el peligro aquí radica en que se cambia de sustancia y algunos pacientes terminan teniendo trastornos de alimentación.

De ahí la importancia de fomentar buenos hábitos de alimentación en todos nosotros y en especial en pacientes en pleno proceso de recuperación, siendo conscientes de lo que consumimos.  

Ofrecer ayuda desde el respeto es fundamental en todo proceso adictivo, ya que la detección temprana es fundamental.

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