EN LA RUTA

Una realidad

César Duvernay

Con el tema de la mortalidad ma­terna, el presidente Luis Abina­der ha mostrado una triste rea­lidad, que aparte de afectarnos en términos estadísticos, tam­bién desnuda el pesado fardo que ha tenido que llevar República Dominicana como con­secuencias de las debilidades sanitarias de Haití.

La revelación hecha por el mandatario de que el 48 por ciento de las mujeres fallecidas en labores de parto en nuestro país corresponden a nacionales haitianas, no puede pasar desaper­cibida por la comunidad internacional, que sa­be muy bien de las calamidades de la hermana nación pero que históricamente se ha hecho de la vista gorda, o más especifico aun, que prefie­re bajar la vista y tirar el problema para este la­do de la isla. Un cuadro que por más que inten­ten las autoridades de salud dominicanas, nos mantendrá con bajas calificaciones en mortali­dad materna ante los registros médicos interna­cionales, que solo analizan las cifras y no necesa­riamente las razones de las mismas.

Lo planteado por Abinader y sustentado en que el 29 por ciento de las camas de nuestras maternidades son ocupadas por parturientas del vecino país, habla en mayúsculas del alto costo económico que significa el respaldo hu­manitario históricamente hemos estado brin­dando a Haití.

De ahí la importancia de que el presidente dominicano haya aprovechado la lupa mundial que produce la vigésimo séptima Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno a efectuarse des­de mañana hasta el miércoles en Andorra, para evidenciar la crudeza de la realidad que nos ha tocado enfrentar y la necesidad de que ya las po­tencias tomen cartas en el asunto.