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Puntos de vista miércoles, 14 de abril de 2021

FUNDACIÓN SALESIANA DON BOSCO

Haz el bien, mientras tengas tiempo

  • Haz el bien, mientras tengas tiempo
Luis Rosario

 Esta frase fue di­rigida a jóve­nes, que con frecuencia piensan que tienen una larga vida por delante y se olvidan de que son muy pocos los años que tenemos a nuestra disposi­ción, aunque seamos unos muchachitos.

¿Qué si esta frase es mía? Nada más y nada me­nos que de Don Bosco, el Padre y Maestro de la Ju­ventud. De esa manera quería él llamar la atención sobre la necesidad de hacer de la propia vida algo que valga la pena, abandonan­do las frivolidades que ca­racterizan a este mundo,

Ni siquiera el consta­tar la fragilidad de la vida, manifestada a través de la pandemia y calamidades públicas, ha logrado cam­biar la mente de cacaíto no sólo de jóvenes, sino tam­bién de personas con expe­riencia de la vida.

El obispo de Hipona, San Agustín, se lamentaba, a sus treinta años, de que ha­bía conocido tarde la ver­dadera vida, de la que él empezó a disfrutar cuando conoció al Señor. Dio tum­bos, saltos e hizo lo que le dio su real gana y todo le dejó vacío. Se “jartó” de to­do y se dispuso a recuperar el tiempo perdido, traba­jando por cosas que valían la pena.

No es raro dejarse llevar del refrán; “A dónde va Vi­cente, a donde va la gen­te”. El mal parece contagiar más fácilmente que el bien y, cuando uno menos se lo piensa, si se descuida, pue­de encontrarse siguiendo patrones de conducta que en nada contribuyen al cre­cimiento humano y espiri­tual propio y de las perso­nas que a uno le rodean.

El gran propósito de la vida debería ser hacer el bien, mientras tengamos tiempo. Al final los días se acortan y el tiempo no da para todo el bien que debe­ríamos hacer a favor de los demás.

Desde cuando apenas te­nía nueve años Don Bosco visualizó el camino com­prometido que debía re­correr sobre todo para ha­cer el bien a los muchachos más vulnerables y a esa ta­rea se entregó con alma, vi­da y corazón.

Enseñó también a los muchachos a hacer el bien, por eso los convertía en co­laboradores cargando res­ponsabilidades sobre sus hombros y enseñándoles que hacer el bien es respon­sabilidad de todos, no sólo de los adultos.


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