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Puntos de vista martes, 13 de abril de 2021

EL BULEVAR DE LA VIDA

La comunicación coprológica

  • La comunicación coprológica
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

 En la radio y la TV dominicanas hace tiempo que reina la comu­nicación coprológica y dos de sus derivados: el sicariato me­diático y las mediáticas jaurías político-partidarias, ambas dedicadas al chantaje, el insulto, la descalificación y la in­juria.

Unos existen por falta de formación aca­démica y educación doméstica, la mayoría para realizar diversos tipos de chantaje, y en el caso específico de las jaurías político-parti­darias, estas se crean, se toleran y se fomen­tan desde algunos partidos para provocar la autocensura de cualquier ciudadano, perio­dista, comunicador, contable o fontanero, que difiera públicamente de sus posiciones y decisiones políticas. Los ejemplos sobran y a ellos nos referiremos en otra ocasión.

El tema se agrava porque en el país ha­ce tiempo que pasamos de la libertad de ex­presión a la libertad de difamación, y llega al “novamás” cuando en los ratings de audien­cia, vistos, y seguidores, confirmamos que las grandes masas de oyentes/televidentes prefieren el insulto al argumento, el espectá­culo procaz al razonamiento, lo que viene a demostrar, que cuando unos son el infierno, no necesariamente son los otros el paraíso.

Existen escatológicos comentaristas, sica­rios en los medios y mediáticas jaurías polí­tico-partidarias porque muchos ciudadanos los prefieren por encima de las demás alter­nativas, lo que forma parte de nuestra hipo­cresía social, de la doblez mezquina que se ha adueñado de la vida social de Occidente, donde todo es morbo y espectáculo, desde el santo amor (reducido a gimnasia sexual), a las campañas electorales.

Ante este reinado de la indecencia, -des­cartada por principios cualquier tipo de cen­sura-, la solución parece ser solo una: no escucharlos, no verlos, bloquearlos en tus redes sociales, es decir cerrarles la puerta de tu casa. Pero resulta que, en los hechos, ocu­rre todo lo contrario, a mayor vulgaridad y mientras es más grave el insulto, mayor es la audiencia.

En los medios de comunicación y las re­des y las redes sociales, ciudadanos se que­jan de esta comunicación coprológica y sus derivados pero, dados los altos índices de audiencia que ella alcanza, mucho me temo que esta DIDRP, (Dictadura de la Indecencia y la Difamación con Respaldo Popular) con­tinuará.

No sólo tenemos los partidos que merece­mos, también tenemos el tipo de comunica­ción que hemos decidido consumir.

Para la comunicación coprológica y sus derivados no hay peor censura que un bajo nivel de audiencia Por eso, si la consume, en­tonces, no se queje.