PUNTO DE MIRA

Una amistad entre dos diferentes Cámara

Alfredo Freites

Durante años la gente me pre­gunta cómo se forjó mi rela­ción con Bobo­chi, un niño extremadamente veloz que en su presentación ante nosotros en la Zona Co­lonial nos dejó asombrado con su atlética carrera. Como era

 nuevo se le preguntó si sabia pelear. Su afirmación hizo que pasáramos la página.

El sábado nos juntamos para desandar la ruta de nuestra infancia. Escolta­dos por las desvencijadas ca­sas donde moraban nuestros amiguitos, extrañamos a los viejos del barrio. Ahora los viejos somos nosotros.

Juntos o por separado íba­mos a los desfiles militares o religiosos, jugábamos pelota en el solarcito del malecón con Sánchez, nos bañamos en las desaparecidas playas del Pla­cer de los Estudios, hacíamos guerra de piedras en lo que era un solar en la Arzobispo Por­tes-Sánchez-José Gabriel Gar­cía (contando con las repara­ciones de Don Antonio de la Farmacia Santa Cruz) nos íba­mos a jugar pelota a la Uni­

 versidad de Santo Domingo, hacíamos el ida y vuelta cami­nando para gastar el pasaje en golosinas y marotear en Mata Hambre y el Ensanche Prima­vera. Fue una niñez divertida.

El derrocamiento de Bosch llevó a Bobochi al exilio en México y a mí a la lucha revo­lucionaria. Dos adolescentes capaces de provocar el retor­no a la democracia. La ausen­cia de Ramón Emilio dejó en el éter sus platónicos roman­ces con Lina Columna y Alexis Chabebe. Nunca supieron de ese amor por ellas. Yo soy tí­mido y me pasó lo mismo con Melissa Segarra; también me derretía por Maritza Mieses.

La distancia nos mantuvo separados. Tenemos tempe­ramentos distintos, pero nos queremos. Yo viví la clandes­tinidad por la agitación polí­tica de esos tiempos. Éramos patriotas y durante la Guerra de Abril, un día que terminó mi guardia en Santa Bárbara, marché fusil al hombro des­de la casa de Duarte hasta la Iglesia del Carmen, la ruta habitual que haría el Patricio en su conspiración libertaria. Era un niño, pero me sentía su heredero moral.

El retornar, nos percatamos que escogimos ser periodistas. Retomamos la amistad mien­tras ejercíamos en “Ultima Ho­ra”, hicimos algo de televisión. Años después nos juntamos en “La 91” y posteriormente for­jamos “Freites y Colombo” en Radio Listín.Al caminar el ba­rrio y degustar un café en “La Cafetera”, comprendimos que la amistad de personas diferentes puede ser más re­sistente que el diamante.