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Puntos de vista martes, 09 de marzo de 2021

AGENDA SOCIAL

Voces femeninas

  • Voces femeninas
Margarita Cedeño
@Margaritacdf

 Cada 8 de mar­zo profundi­zamos la re­flexión sobre la equidad de género y nos encontramos con la realidad de que no avanzamos a la velocidad que quisiéramos. Aún per­siste una brecha entre hom­bres y mujeres que parece infranqueable, como si es­tuviésemos estancados en los mismos temas y objeti­vos que venimos plantean­do desde inicios de este si­glo.

Hace falta un salto cua­litativo y cuantitativo para enfrentar los estereotipos de género que se han en­raizado en la sociedad, que dificultan el propósito de alcanzar el Objetivo de De­sarrollo Sostenible dedica­do a la equidad de género antes de que concluya esta década.

Lo cierto es que la pan­demia ha dificultado aún más la situación de la mujer en el mundo, especialmen­te en una región con tanta desigualdad como América Latina. Además del riesgo de exponerse al Covid-19, existe abundante evidencia sobre el aumento en violen­cia doméstica y de género y en el desempleo femenino, así como en la necesidad de muchas mujeres de aban­donar sus propósitos para dedicarse exclusivamente a la economía de cuidados que, como ya sabemos, no es pagada.

No podemos dejar de mencionar el aumento del embarazo en adolescen­tes y el abuso infantil, es­pecialmente entre las ni­ñas de esta región. Esto se debe a que, si bien el cie­rre de las escuelas genera consecuencias irremedia­bles en todos los estudian­tes, tiene un impacto más severo en las niñas. En un estudio realizado en el 2014 durante la crisis del Ébola en Sierra Leona, ci­tado en Project Syndicate, se descubrió que, al mo­mento de reabrir las cla­ses, los niños retornaron a la escuela, pero muchas niñas no.

Lo más lamentable del análisis que cada 8 de mar­zo hacemos sobre el lugar que ocupa la mujer en el mundo, es que la ausencia de voces femeninas en los puestos de toma de deci­sión es una de las razones fundamentales que impi­den que todos estos proble­mas encuentren solución. No podemos exigir a los hombres que entiendan los problemas que enfren­tamos las mujeres, porque simplemente nunca lo han vivido.

Las cuotas de partici­pación han sido efectivas, hasta un punto. Pero ya no constituyen el mecanismo idóneo para que las mu­jeres accedan a puestos de poder. Parecería que ha llegado el momento de conformar colectivos y es­quemas de fortalecimien­to del voto femenino ten­dentes a transformarse en plataformas que impulsen que las mujeres obtengan puestos de toma de deci­sión.

No es una tarea fácil, pero es fundamental pa­ra abordar correctamente los problemas que solo en­frentan las mujeres, ya sean económicos, de salud físico o mental, de acceso a opor­tunidades o de bienestar y felicidad.

Solamente las voces fe­meninas son capaces de en­frentar las desigualdades sistemáticas que nos impi­den avanzar más. Solo las voces femeninas pueden poner fin a las reglas des­proporcionales que están enraizadas en las estructu­ras familiares, en el merca­do laboral y en el resto de la sociedad. No se trata de un enfrentamiento entre gé­neros, de lo que se trata es de convencernos de que un mundo de mujeres empo­deradas será mucho mejor para todos y todas.