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Puntos de vista viernes, 26 de febrero de 2021

Falacias sobre el aborto y las tres causales

Luis Antonio Baldera Quezada

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A modo de reflexión

Me apena sobremanera, pero es una realidad, que tenga que reconocer que el mayor genocidio del siglo XX y XXI y creo que de la historia de la humanidad, no ha tenido lugar en guerra alguna, sino en los quirófanos de quienes se supone que están para salvar vidas y traer vidas al mundo: ¡Qué incongruencia la de los médicos!

De esta matanza de más de 1,000 millones de víctimas inocentes, es de la que nadie habla: el aborto, fruto del perverso delirio de omnipotencia en el que cae el hombre cuando abandona el respeto de la ley de Dios y de las leyes de la naturaleza (Antonio Socci-El Genocidio Censurado).

Ya lo decía el Papa Francisco: los medios de comunicación a veces cometen tres grandes pecados: la calumnia, la difamación y el peor que es la desinformación. Y es que como decía el profeta “Siembren vientos y cosecharán tempestades” (Os 8,7).

Como la mayoría de las violaciones ocurren en el ámbito familiar lo que se debe hacer es: a) Evitar la inmoralidad pública, b) Fortalecer las instituciones familiares, c) Así como se anuncia que el tabaco y el alcohol son perjudiciales para la salud, ¿Cómo no exigir lo mismo para algo mucho peor como lo es el aborto? Y d) El Estado que permite el aborto tiene al menos la obligación de informar a sus ciudadanos sobre los graves riesgos que el mismo acarrea, tanto para la mujer como para toda la sociedad, cuyo núcleo central es la familia.

Si hay una institución, o como el Dr. Roa quiera llamar, que tiene el mérito de frenar en algo el aborto son las iglesias cristianas, defensoras de la familia. Por eso, como decía el escritor británico G.K. Chesterton: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina, ni un comercio, ni una fábrica: es la familia.”

Los cristianos primitivos son los primeros en declarar públicamente que el aborto es un asesinato de seres humanos dando fe de ello los apologistas Atenagoras, Tertuliano y Minutius Felix. La prevalencia del aborto cesó en todo lugar donde llegó la cristiandad.

No es la Iglesia Católica la que se opone al aborto, es la ley divina y natural, es la razón misma, es la lógica. Todas ellas entienden que la defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano.

No es un “código penal católico”, como dice un periodista, lo que quiere la Iglesia Católica, es un código de vida y moral objetiva, que no apruebe como buena una acción mala, pues “ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo, podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito por ser contrario a la ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, creyente o no, y reconocible por la razón”.

¿Qué penalizar el aborto es una aberración y un retroceso? Aberración, es todo lo que es injusto y anormal, y eso es precisamente el aborto inducido, además de ser un crimen abominable. Te lo podrás sacar del cuerpo, pero no del corazón, pues recordando las palabras del Concilio Vaticano II: “la vida una vez concebida, debe ser protegida”. (*)

Para los que al aborto le llaman progreso:
1. Los que hacen progresar a la humanidad no son los que suprimen a los enfermos, sino los que luchan para curarlos.
2. No se protege a nadie de una desgracia cometiendo un crimen.
3. Matar a un niño (aunque sea antes de su nacimiento), es simple y llanamente un homicidio, no un signo de progreso.
4. No se puede aliviar la pena de un ser humano matando a otro ser humano.

Es una obligación moral detenerse si no sabe qué efectos producirá una acción, más aún en materia tan grave como lo es el derecho de vivir de toda persona humana. Cuando usted no sabe cuándo empieza la vida lo mejor es permanecer callado.

El autor es médico gineco-obstetra