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Puntos de vista jueves, 25 de febrero de 2021

EL BULEVAR DE LA VIDA

El precio de vencer

  • El precio de vencer
Pablo McKinney

 Algunos querrán olvidarlo, pero tan cerca como en los inicios del año 2019, -es decir, ayer-, leonelistas y danilistas disfru­taban aún como buenos com­pañeros, de la erótica del poder y sus caricias lo que no es difícil de entender si aceptamos que en casi todos los grandes logros y cada uno de los grandes fracasos de los gobiernos del PLD han tenido participación -directa o indirectamente- dirigentes de ambos grupos, con énfasis en los responsables de finanzas de los últimos 20 años.

En 1996 o antes, el Comité Político en ple­no y sus líderes de entonces, tomaron la de­cisión de enterrar a Bosch y sus folletos pa­ra abrazar a Balaguer y sus manuales. Con Bosch se ganaron respeto y con Balaguer ganaron elecciones, sólo que a un alto pre­cio. El precio de vencer, que no casualmente es ese el título de mi próximo libro ya en im­prenta a Dios y Búho las gracias. Lo innegable es que hoy los dos PLD están enfrentados en una versión política de la Guerra de los Rose, aquella película de los 90 en donde cada uno de los miembros de un pareja en proceso de divorcio estaba dispuesto a morirse, con tal de poder matar al otro, lo que en el caso del PLD es muy muy posible, pues ambos grupos conocen muy bien, no las escarpadas monta­ñas de Quisqueya, sino el lugar de las alfom­bras que guardan los cadáveres compartidos por ambos, las complicidades de tanto años.

Como los Rose, los dos PLD ya perdieron la casa, (el gobierno), y ahora van camino a perder la libertad. Por lo menos va camino a perderla, una parte de “lo peor de cada casa”, aunque hay que decir que muchos de esos -a quienes hoy condena la auditoría visual- solo realizaban el trabajo sucio con que en nues­tro país se ganan elecciones presidenciales, legislativas y municipales, el precio de vencer, en fin. Ante tal escenario, el gubernamental PRM tiene ante sí la oportunidad de su corta vida, pues si logra mantener la unidad parti­daria, recuperar la estabilidad macroeconó­mica que había disfrutado el país desde 2005 hasta la llegada de la pandemia y si, además, con hechos demuestra que la lucha del mi­nisterio público contra la corrupción no tiene colores ni corruptos preferidos, entonces, el futuro le pertenecerá, pero ese será tema de otro bulevar.