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Puntos de vista miércoles, 24 de febrero de 2021

FUNDACIÓN SALESIANA DON BOSCO

Juan Lopito

  • Juan Lopito
Luis Rosario

Pensé que en esta ocasión podía escribir sobre cualquier cosa.

Pero mientras más pensaba, más se fijaba en mi mente el recuerdo de un primo muy querido, que le encantaba hacerse el gracioso cuando éramos muy pequeños y vivíamos en Moca.

Un día se fue a bañar al rio en Juan Lopito y todos los muchachos le caímos atrás, para disfrutar de ese momento de recreo.

A decir verdad, no era un gran rio, es más, era casi un simulacro.

Pero con un poco de persistencia, lograba quitarle el calor a aquellos que se acercaban a sus aguas.

La gente iba a bañarse, comer algo, y socializar con los compueblanos.

Volviendo al relato, los muchachos estábamos disfrutando al máximo el momento cuando de repente se comenzó a escuchar un griterío infernal.

Todos corrimos al lugar desde donde se escuchaba el bullicio y allí vimos la trágica escena.

Nuestro primo Pulucho, un joven fuerte, saludable y sobre todo, blanco como la nieve más pura, estaba bañado en sangre, un rojo que brillaba con especial distinción bajo los fuertes rayos de sol.

No sabíamos qué hacer, los adultos llegaron corriendo al escuchar lo que sucedía.

Resulta que un antisocial, sin criterio ni consideración, había tirado al rio restos de vidrios cortantes de unas botellas y al saltar Pulucho al agua, se había cortado la piel en varios lugares.

Por suerte, el caso no pasó a mayores y sus heridas sanaron al poco tiempo, fue más el susto que el resultado.

Pero este acontecimiento nos dejó grandes enseñanzas.

En primer lugar, la importancia de pensar en los demás . Todo act o nuestro, tiene repercusiones en los demás, por lo que debemos siempre ponernos en el lugar del prójimo.

Segundo, el cuidado que debemos tener al tomar ciertas decisiones, porque no todo el mundo tiene buenas intenciones, por lo que hay que actuar con cautela.

Y tercero, mucho se habla de dejar un mejor mundo para nuestros hijos, pero qué tal si dejamos mejores hijos para el mundo, hijos que lo cuiden y se cuiden entre ellos.

En resumen, como bien lo dicen las Sagradas Escrituras, trata a los demás como quieres ser tratado. Ese es el camino a la paz.