ORLANDO DICE ...
El caso de los haitianos
El caso de los dos políticos haitianos de oposición que penetraron el territorio dominicano, el domingo pasado, no es un problema de la política, ni de la diplomacia, sino de derechos humanos.
¿Cómo entregarlos al gobierno del vecino país si hasta Estados Unidos, su único apoyo, le saca la alfombra y no lo considera confiable como ente democrático?
Un régimen sometido a un violento proceso de acoso y derribo no puede reaccionar con el debido respeto a sus adversarios, preservando libertad e integridad física.
No se conoce la intimidad de la situación y cómo se estaría manejando este asunto, a todas luces delicado, pues en cualesquiera de las circunstancias en que se asuma, será peor.
Se supone que se habrá determinado como esos ciudadanos entraron, aunque no hay que averiguar mucho para darse cuenta de que hubo descuido, y ese descuido debe ser cobrado.
La frontera es responsabilidad de un organismo y ese organismo puso su seguridad en manos de uno de sus miembros, que evidentemente no cumplió con la tarea.
Falló, y de mala manera, pues ahora se origina un conflicto que no será fácil de resolver. Ni por la política, ni por la diplomacia, y tampoco por medio de los derechos humanos.
Estos grupos reclaman, y lo hacen con denuncias. Aceptarlas sería validarlas, y validarlas no sería un gesto amistoso con un gobierno como el de Jovenel Moïse, con el que se procuraban los mejores entendimientos.
¿Adónde irá a parar el acuerdo de nueve puntos que se firmara recientemente, y no solo por la actual crisis política, sino por el impasse que provocan los perseguidos, aparentemente acogidos?
El gobierno estaría en vacunación y en controlar precios, o en el discurso de rendición de cuentas, el primero de su joven gestión.
La opinión pública por su parte andaría dando vueltas a las pequeñas cosas de la política, a las menudencias que parece que cambian, pero que se quedan en el mismo lugar.
Sin embargo, la candelita de Haití quema por abajo y lo que menos necesita esta administración, o la nación en su conjunto, sería un roce bilateral.

