EN SALUD, ARTE Y SOCIEDAD

Con Louise Glück, en un encuentro covidiano

…¿O es que tu hambre de belleza se satisface completa­mente con tu propia persona? Glück, Louise, poeta Premio Nobel de Lite­ratura, 2020.

Diferentes son la soledad im­puesta y la que ama el ermi­taño.

Louise Glück aboceta el aislamiento interiorizado co­mo respuesta a la obstruc­ción de justicia contra un Ser paradójicamente singular: el Otro; condenado, negado, cercado; penalizado con im­posiciones aparentemente positivas: comer “pollo los lu­nes, pescado los martes”.

Conflicto aparentemente banal que asalta rudamente la integridad, la noción bíbli­ca-hegeliana de libertad; ne­gación absoluta de derecho: “Otra cosa: dime otra perso­na | que no tenga muebles”; repudio a la agresión machis­ta y del Poder. Frente a estos, las rebeldías y protestas se­rán, siempre legítimas… Re­velación líquida del abuso in­tolerable. Ocurre, incluso en pelota, con anotaciones y sin sinécdoques.

Sin ser poeta, algunos go­bernantes lo confirman: pi­den a Las Águilas ganar, no que abusen.

¿Los interlocutores ínti­mos de Louise Glück se doc­toran de abusadores? De ahí la receta ética de la poetiza: “Cuando prepares alcacho­fas, | hazlas para ti”.

¿Vale acompañarse de abusadores?

“El que tema, que busque un perro negro”, se dijo, se es­cuchó.

Avenida de pieles despoja­das de artificios, suaves y sin cáscaras hostiles, es este carril expresivo de Louise Glück.

Eclosionó en la disrup­ción covidiana, durante la “galactización” de las distan­cias, queriendo preservar los mundos interiores.

Y la dignidad.

Productivo aislamiento, impuesto como terror, norma vivencial. Dique y paradoja entre encuentros y tertulias. Palabra aflorada para nutrir a los anacoretas.

Esta escritora aborda su in­timidad liberada de abusos. Vivir es confirmar la soledad.

Si alguien creyera que su deseo es “Que volvería, | que al final de alguna manera es­taríamos juntos”, ella piensa: “Pedí lo que siempre pido. | Pedí otro poema”.

¡Otro poema! ¡Regreso triunfal al inalienable territo­rio íntimo!

La poesía fortificando, res­guardando el tesoro de la sensibilidad ante la erosión emotiva y la cultura de odio, intolerancia, vanidad super­flua y temerosa de su propia pequeñez machista.

Protesta, “canto a ella mis­ma”, autoconocimiento. Glück como Pausanias en el pronaos del templo de Apolo, en Delfos.

Allí, con Ego derramado, el Depredador señorea la ca­dena alimenticia. “Ego sum qui sum”.

Sentimiento es poesía, incluso psicológicamen­te terapéutica, efectora catártica: “No tendría yo mucho | tacto si les recor­dara | que uno | no hon­ra a sus muertos | perpe­tuando sus vanidades, sus | auto-proyecciones”.

Auto-enfrentamiento, lú­dico y ético, coherente con lo verdadero: “Mi propio crite­rio me recomienda | exacti­tud sin | palabrería”.

Escribir afirma al es­critor ante el utilitarismo que lo subestima. Lo ad­virtió Cervantes: “No pue­do dexar, lector carissimo, de suplicarte me perdo­nes, si vieres que en este prologo salgo algun tanto de mi acostumbrada mo­destia…”, declarando pri­macía en representar “las imaginaciones y los pen­samientos escondidos del alma, sacando figuras mo­rales al teatro, con gene­ral y gustoso aplauso de los oyentes “. Dignidad no es soberbia ni cobardía.

Cuando el campo cultural lapida a intelectuales y artis­tas, Louise Glück resiste des­de el lugar jamás abandona­do, la intimidad, poetizando.

Ahí la encontramos dicien­do: “El placer, puede, pero no | la alegría”; sugiriendo: “Al­guien debería debatir sobre | ética con el gato, mientras in­vestiga | el asunto ese del pá­jaro cojo…”.

Nueva poesía, cuando “la pava no pone donde ponía”.

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