PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Expectativas arrogantes y realistas

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Manuel Pablo Maza Miquel, S. JSanto Domingo

Nadie se libra de juicios in­sensatos. Je­nofonte († 354 a.C) cuenta en La Anábasis, có­mo erró, creyéndose reclu­ta de un monarca poderoso para aplastar a un reyezuelo. ¡Descubrió ser mercenario del reyezuelo!

El general inglés Wolfe, conocedor de los comba­tientes americanos, los cali­ficaba así: eran “los peores soldados del universo” y en otra carta, “… son en gene­ral los perros más cobardes, más sucios y más desprecia­bles, que puedas concebir… son más bien un estorbo que una fuerza para el ejér­cito”. James Murray, suce­sor de Wolfe, calificaba a los norteamericanos como “…muy impreparados y muy impacientes por la guerra”. Otros, los tildaron de “chus­ma, malos soldados, cobar­des”. Delante de Benjamín Franklin, el edecán de Jorge III se jactó así: “con mil gra­naderos, él se comprometía a ir de un extremo de Amé­rica al otro y castrar a todos los varones, parcialmente por la fuerza, parcialmen­te con un poco de halago” (Benjamin Franklin, Wri­tings, IX, 261, citado por Barbara Tuchman, 1989, La Marcha de la Locura, 137).

Cuando en 1765, Charles Townshend, presidente de la Junta de Comercio, pregun­taba, si los americanos “hi­jos llevados allí por nuestras armas, se negarían a contri­buir con su trabajo para ali­viarnos de la pesada carga bajo la cual nos encontra­mos”, no faltó un inglés sen­sato que le respondiese. Fue Isaac Barré, veterano tuerto que había peleado junto a Wolfe en America, quien po­niéndose en pie de un salto, le respondió: “¿Llevados allí por vuestro Cuidado? ¡No! Vuestras Opresiones los lle­varon a America… ¿Alimen­tados por vuestra Indulgen­cia? Crecieron allí porque los abandonasteis… ¿Pro­tegidos por vuestras armas? Ellos noblemente tomaron las armas en defensa vues­tra… Y creedme y recordad este día os lo digo, el mismo espíritu de libertad que mo­vió al pueblo al principio lo acompañará aún… Son un pueblo celoso de sus liber­tades y las reivindicará si un día son violadas…” Barré habló con tal vehemencia y “la interrupción fue tan be­llamente súbita, que toda la Cámara se quedó un ra­to asombrada, contemplán­dolo intensamente y sin res­ponder Palabra” (Tuchman, 1989: 143 - 144).

Benjamín Franklin, sen­sato y simpático, aconsejó a sus compatriotas al decla­rarse la guerra contra Ingla­terra: “Tenemos que man­tenemos unidos, o, júrenlo, que nos ahorcarán por sepa­rado” [“We must all hang to­gether, or assuredly we shall all hang separately”] (Cárde­nas, 1998,115).

El autor es Profesor Aso­ciado de la PUCMM

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