PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA
Expectativas arrogantes y realistas
Nadie se libra de juicios insensatos. Jenofonte († 354 a.C) cuenta en La Anábasis, cómo erró, creyéndose recluta de un monarca poderoso para aplastar a un reyezuelo. ¡Descubrió ser mercenario del reyezuelo!
El general inglés Wolfe, conocedor de los combatientes americanos, los calificaba así: eran “los peores soldados del universo” y en otra carta, “… son en general los perros más cobardes, más sucios y más despreciables, que puedas concebir… son más bien un estorbo que una fuerza para el ejército”. James Murray, sucesor de Wolfe, calificaba a los norteamericanos como “…muy impreparados y muy impacientes por la guerra”. Otros, los tildaron de “chusma, malos soldados, cobardes”. Delante de Benjamín Franklin, el edecán de Jorge III se jactó así: “con mil granaderos, él se comprometía a ir de un extremo de América al otro y castrar a todos los varones, parcialmente por la fuerza, parcialmente con un poco de halago” (Benjamin Franklin, Writings, IX, 261, citado por Barbara Tuchman, 1989, La Marcha de la Locura, 137).
Cuando en 1765, Charles Townshend, presidente de la Junta de Comercio, preguntaba, si los americanos “hijos llevados allí por nuestras armas, se negarían a contribuir con su trabajo para aliviarnos de la pesada carga bajo la cual nos encontramos”, no faltó un inglés sensato que le respondiese. Fue Isaac Barré, veterano tuerto que había peleado junto a Wolfe en America, quien poniéndose en pie de un salto, le respondió: “¿Llevados allí por vuestro Cuidado? ¡No! Vuestras Opresiones los llevaron a America… ¿Alimentados por vuestra Indulgencia? Crecieron allí porque los abandonasteis… ¿Protegidos por vuestras armas? Ellos noblemente tomaron las armas en defensa vuestra… Y creedme y recordad este día os lo digo, el mismo espíritu de libertad que movió al pueblo al principio lo acompañará aún… Son un pueblo celoso de sus libertades y las reivindicará si un día son violadas…” Barré habló con tal vehemencia y “la interrupción fue tan bellamente súbita, que toda la Cámara se quedó un rato asombrada, contemplándolo intensamente y sin responder Palabra” (Tuchman, 1989: 143 - 144).
Benjamín Franklin, sensato y simpático, aconsejó a sus compatriotas al declararse la guerra contra Inglaterra: “Tenemos que mantenemos unidos, o, júrenlo, que nos ahorcarán por separado” [“We must all hang together, or assuredly we shall all hang separately”] (Cárdenas, 1998,115).
El autor es Profesor Asociado de la PUCMM

