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Puntos de vista miércoles, 02 de diciembre de 2020

COLABORACIÓN

La trágica muerte del Presidente Ramón Cáceres

MARIO E. CÁCERES R.

I

 Luis Felipe Me­jía autor del im­portantísimo libro “De Lilis a Trujillo”, jo­ven, estudiante de derecho en ese momento y ya en su condición de abogado, fue diputado en el periodo de Horacio Vásquez, describe la trágica muerte de Ramón Cáceres de la siguiente ma­nera, cito: “Acostumbraba Cáceres pasear en su victo­ria los domingos en la tarde por la Avenida Independen­cia, acompañándole regu­larmente un solo edecán. En la tarde del domingo 19 de noviembre de 1911 fue hasta San Gerónimo con el Coronel Ramón Pérez (Chi­pi), Jefe del Cuarto Mili­tar y visito a Don Juan de la Cruz Alfonseca, allí do­miciliado, a quien le unía una vieja amistad de fami­lia. En conocimiento de ese paseo habitual, Luis Teje­ra habíase situado frente a Guibia en la estancia de Pe­dro Marín, donde acudie­ron: Luis Felipe Vidal, Au­gusto Chottin, Jaime Mota (hijo), José Pérez, Julio Pi­chardo, Pedro Andújar, Wenceslao Guerrero, Este­ban Nivar, Raúl Franches­chini, Porfirio García Llube­res, José García, Pedro Ma. Mejía (hijo), Juan Herrera Alfonseca y algunos peo

 nes de Tejera y de Chottin. Cuando Cáceres regresaba de San Gerónimo, Jaimito Mota, participante, atrave­só su carro en la avenida y salieron todos revólve­res en manos deteniendo la victoria e intimidándo­le la rendición. Chipi Pérez salió del carruaje por el la­do opuesto al grupo e hizo un disparo corriendo des­pués precipitadamente y abandonando a su suerte al presidente contra lo que le ordenaba su honor y su de­ber. Había tres guardias en la entrada Guibia y uno de ellos, de apellido Luna dis­paro sobre el grupo e hirió a Luis Tejera. Según pare­ce, Cáceres ante lo inútil de la resistencia, por el núme­ro de asaltantes, se había rendido pero al sonar los tiros arranco la yegua del carruaje, espantada o fusti­gada por el auriga Cachero (Luis Mengual). Luis Teje­ra ordeno a sus compañe­ros no dejarle ir. Entonces varios de ellos dispararon sobre el presidente, hirién­dolo primero en la mano derecha, lo cual le impidió usar su revólver. Cayo des­pués al suelo al volcarse el coche pero pudo incorpo­rarse con la ayuda de Ca­chero quien se mostró sere­no y fiel en aquel supremo transe. El auriga entro, co­mo pudo, al moribundo ósea a Cáceres en la estan­cia de Peinado, bajo los ti­ros, pues algunos como Ju­lio Pichardo le siguieron hasta cerca de la casa. Ex­piro mientras lo conducían a la Legación Americana en brazos de la señorita Este­la Vásquez, que había acu­dido solicita a asistirle”. El punto exacto hoy día don­de se produjo esta trágica muerte es en la avenida Independencia casi es­quina Socorro Sánchez y donde está ubicado el ne­gocio de vehículos Auto Asesores y lugar donde se fijara una tarja conmemo­rativa a aquel vil asesina­to que tantas graves con­secuencias trajo al país y que más adelante señala­re brevemente. La casa de la referida visita de Juan de la Cruz Alfonseca fue donde vivió y murió ase­sinado también su padre Manuel Altagracia Cáce­res Fernández (Meme) el 17 de Septiembre de 1878 por el hecho de que era un seguro ganador de las elecciones a la candidatura presidencial en esa ocasión y su hijo Ramón Cáceres re­sidió transitoriamente con esa familia durante su pe­riodo estudiantil en el co­legio San Luis Gonzaga, mientras fue Vicepresiden­te junto a Morales Lan­guasco y los primeros días y meses ya como Presiden­te a partir del 12 de Enero de 1906.

Sus restos fueron sepulta­dos en la Catedral Prima­da de América en Santo Domingo, acto encabeza­do por el arzobispo de la época Monseñor Adolfo Nouel y el panegírico fue leído por Federico Velás­quez, Ministro de Hacien­da y gran intelectual de la época y más tarde fue­ron trasladados a la Igle­sia Nuestra Señora del Rosario en nuestra ciu­dad de Moca, autoriza­do por el arzobispo Mon­señor Nouel, el día 26 de Mayo del 1924, donde se encuentra junto a su pa­dre Manuel Altagracia Cá­ceres. La autorización de su traslado se encuentra en el Museo Presidente Ramón Cáceres, en Estancia Nue­va, gracias al gran amigo historiador Adriano Miguel Tejada que la conservaba y la dono al Museo.

El presidente Balaguer dispuso mediante decreto 118-89 el traslado de sus restos al Panteón Nacional junto a otras figuras nacio­nales pero al respecto la fa­milia Cáceres le solicito, a través del suscrito, que per­manecieran en su actual lugar, lo que fue gentil y de­bidamente aceptado y au­torizado por este.


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