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Puntos de vista lunes, 23 de noviembre de 2020

EN ESPECIAL

Testaferrato

  • Testaferrato
Cristhian Jiménez

 “Íbamos caminan­do desde la UASD al Centro de los Héroes, donde el papá de mi ami­go le tenía una “botellita”; dinero que nos servía para unas frías y cubrir parte de las necesidades del mes”, rememoraba un jubilado tecnócrata al comentar el exhibicionismo de riquezas del funcionariado del nuevo milenio.

El consejo lilisiano al compadre sobre comerse el pollo, pero guardar las plumas es agua pasada y las consecuencias asoman.

En los 31 años del truji­llaje los funcionarios solo accedían a las boronas que dispensaba el dueño de la finca nacional y en los 22 del cortesano los burócra­tas corruptos simulaban indigencia, salvo algunos generalotes de grandes mansiones y fincas.

Numerosos muchachos de “concho y colillas” en­loquecieron al abrirse las puertas de la libertad y prefirieron la vía de la de­mocratización de la co­rrupción provocando terri­bles daños a la propuesta liberal que negaba ese ata­jo.

El estropicio, con sui­cidio y encarcelamientos presidenciales, recolocó al caudillo en la silla, ya con menos alfileres, lo que po­sibilitó que sus seguidores volvieran a la acumula­ción con más pasión y me­nos disimulo.

Más dinero, hereda­do por hijos y nietos que creen poder lanzar la pri­mera piedra y para com­prar voluntades en pro­cesos electorales. Los reformistas “salieron” del poder luego de acomodar en la poltrona a otros hi­jos del mismo padre perre­deista y de instruirlos en el arte de las mordidas al pastel estatal.

Había que aprovechar ese golpe de suerte y nu­merosos peledeistas re­pitieron muchas de las acciones de sus herma­nastros, aunque el tiem­po no fue su suficiente, ya que Balaguer disgustado y a los 94 años fue tras sus votos en las elecciones del 2000. Regresó el PRD, es­ta vez con Hipólito Mejía para reiterarse en sus erro­res, agregado exhibicionis­mo y bravuconería.

En 2004 iniciaba la “era del PLD” y muchos de los muchachos que apenas habían probado jugosos bocados, con sentido de urgencia, arrancaron en loca competencia de rápi­do enriquecimiento. An­gurria de hambriento en comida de bufete.

Claro, había que mos­trar y enrostrar el “éxi­to” a empobrecidos vie­jos compañeros y amigos, con mansiones, lujosos vehículos, apartamentos en ciudades norteameri­canas y españolas y dis­putar espacios a ricos tra­dicionales (muchos no exentos de los mismos pecados en la acumula­ción) en los lujosos cen­tros veraniegos del este del país.

Algunas alarmas se dis­pararon sobre todo en Es­tados Unidos, entonces apresurados esfuerzos por tratar de recoger la estupi­dez regada, pero ya había mucha información com­pilada.

Un elemento agravante en el nuevo milenio ha si­do la “vida virtual” de esos nuevos “triunfadores”, con la demostración dia­ria de los teneres y el nivel y carestía de los entrete­nimientos diarios y vaca­cionales. Cuando no era  el protagonista principal, esposas, hijos, hermanos, sobrinos, nietos se encar­gaban de empequeñecer a los curiosos.

Todo ya registrado y “a solo un clic”, comenzó la afanosa búsqueda de tes­taferros para camuflar las riquezas. Esto se in­crementó en los últimos años y se hizo viral al asumir un nuevo partido, PRM, el control del go­bierno, apoyado por ciu­dadanos y entidades que reclaman fin de la co­rrupción y la impunidad y la restitución del dinero robado al Estado.

Varios funcionarios han sido llamados a la Procu­raduría para que expli­quen las impresionantes fortunas que figuran en sus declaraciones juradas y pocos satisfacen el re­querimiento oficial con­trastado con haberes y con documentos impositivos.

Algunos ya han repasa­do el álbum familiar, ale­gando herencias que no pueden sustentarse al ve­rificarse las fragilidades económicas de los ascen­dientes.

El tiempo se agota y hasta los testaferros tiem­blan.

Y faltan los casos verda­deramente pesados.


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