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Puntos de vista jueves, 19 de noviembre de 2020

EN LA DIANA

Beneficios y costos de la expansión

Rolando Reyes
rolandoreyesyasociados@gmail.com

 Primer Tiro
La fuerte expansión fiscal y monetaria (aplicada desde el mes de abril y todavía en cur­so) ha logrado reducir signi­ficativamente los efectos re­cesivos de la pandemia. La diferencia entre el total de gas­tos públicos del presupues­to original para el año en cur­so, y el aprobado en su última modificación es de RD$ 168.2 mil millones. Como conse­cuencia de la agresiva políti­ca de expansión monetaria del Banco Central, entre abril y octubre, las inyecciones adi­cionales de facilidades totales de financiamientos a la econo­mía han ascendido a RD$ 140 mil millones, lo que no esta­ba contemplado en el Progra­ma Monetario formulado pa­ra ser ejecutado en el presente año, con lo cual el estímulo to­tal anti pandémico se eleva a RD$ 308.2 mil millones. Pero es muy probable que muchos comunicadores, economistas, empresarios e inversionistas no han calculado y tomado en cuenta los impactos de esta combinación de política fiscal y monetaria expansiva.

Segundo Tiro
En abril el ritmo de actividad económica, medido según el IMAE que calcula el Banco Central, estaba cayendo a un 29.8%, mientras que en sep­tiembre dicha caída se había reducido a 5.6%. En abril, los empleos formales perdidos con respecto al mismo mes del año pasado, y medidos según el Sistema de Tesorería de la Seguridad Social, ascendían a 435,586 puestos, mientras que en octubre dicha cifra, calculada de la misma forma, había disminuido a 254,565 puestos. Independientemente de las diferencias en el impac­to multiplicador de los estímu­los fiscal y monetario, hay que señalar que mientras el prime­ro era necesario para mante­ner un mínimo de bienestar en la población más vulnera­ble a los efectos la pandemia (contribuyendo así a evitar una caída repentina e indesea­ble de la demanda interna), el segundo fue una decisión de las autoridades monetarias, con lo cual se apalancaron y se aceleraron los efectos del pri­mero. Pero como no hay nada gratis, los beneficios de la ex­pansión anti pandémica, tie­nen un costo que todavía no ha empezado a pagarse.

Tercer Tiro
En año cerrará con una deu­da publica consolidada equi­valente a un 71% del PIB, un amento brutal, muy por en­cima del promedio del creci­miento de la deuda contraí­da por otros países durante el cursante año pandémico. Con intereses de la deuda pública que representan el 27.5% de los ingresos fiscales, y sin un Acuerdo con el FMI, una de­gradación de la calificación crediticia es inminente, a me­nos que la ausencia del citado Acuerdo sea sustituida por un Programa Macroeconómico de mediano plazo (tres años), orientado a recuperar la soste­nibilidad y el espacio fiscal, y mitigando de manera óptima los riesgos del presupuesto del próximo año. Y como ya sido planteado, dicho Programa debe incluir un Plan de refor­mas orientado a reducir rápi­damente el déficit de las em­presas publicas eléctricas, una nueva arquitectura institucio­nal que aumente la eficiencia del sector público, una acele­ración de la inversión pública con APP en forma de Fidei­comiso, la capitalización del Banco Central, y una mayor eficiencia de la gestión de la deuda pública interna. Ejecu­tar dicho Plan de reforma se­rá una tarea extremadamente difícil y complicada, en térmi­nos económicos y políticos, y para eso hay que vencer a los opositores al mismo, y con­vencer a la población de sus grandes beneficios.


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