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Puntos de vista miércoles, 07 de octubre de 2020

EL INFORME OPPENHEIMER

Un golpe duro para la campaña de Trump

ANDRÉS OPPENHEIMER

Hay una gran incertidum­bre sobre el impacto del conta­gio de COVID-19 del pre­sidente Donald Trump en las elecciones del 3 de No­viembre. Pero una cosa está clara: ha vuelto a poner a la pandemia en el centro de la agenda electoral, y esa es una mala noticia para Trump y el vicepresidente Mike Pence.

Antes de que le diag­nosticaran positivo de CO­VID-19, Trump estaba tra­tando desesperadamente de cambiar el eje del de­bate electoral lo más lejos posible de la pandemia. Trump quería centrar la agenda electoral en su du­dosa afirmación de que Es­tados Unidos se converti­ría en un país “socialista” si ganaba su rival Joe Biden, y en su igualmente cuestio­nable afirmación de que la economía estaba recupe­rándose con fuerza.

Y al mismo tiempo, Trump estaba tratando de convencer a los votantes de que la pandemia estaba a punto de ser derrotada. El mismo jueves a la noche en que lo diagnosticaron con COVID-19, Trump dijo que: “El fin de la pandemia está a la vista, y el próximo año será uno de los mejores años de la historia de nues­tro país”.

En momentos de escri­birse estas líneas, hay una posibilidad razonable de que, a pesar de tener 74 años y ser obeso, Trump no se enferme de gravedad. Aunque estaba siete puntos por detrás de Biden en las encuestas antes de su con­tagio, Trump aún podría realizar una campaña com­petitiva y aumentar su po­pularidad.

Eso es lo que sucedió en Brasil cuando se enfer­mó de coronavirus el pre­sidente Jair Bolsonaro, quien, al igual que Trump, había minimizando la pan­demia. Como escribió el periodista brasileño Tho­mas Traumann en la re­vista America’s Quarterly, Bolsonaro se recuperó rá­pidamente y mucha gen­te terminó creyendo que el presidente había tenido razón al decir que el CO­VID-19 era una gripecita.

Otros dicen que la recu­peración de Bolsonaro lo hizo parecer sobrehumano, lo que lo ayudó a aumentar su popularidad.

Quizás eso mismo pa­se con Trump. Pero lo du­do. Más probablemente, el hecho de que el corona­virus vuelva a ser el tema central de las elecciones lo perjudique. Muchos votan­tes llegarán a la conclusión de que el desdén de Trump por la pandemia fue un error que tuvo consecuen­cias desastrosas. Estados Unidos, con solo el 4% de la población mundial, tiene el 20% de las muertes por Covid-19 en el mundo.

Trump y Pence, quien probablemente reempla­zaría a Trump como candi­dato si el presidente estu­viera incapacitado, afirman que esto se debe a que mu­chos países no publican ci­fras verdaderas. Esa es una excusa muy débil: cuan­do se comparan las muer­tes de COVID-19 en Esta­dos Unidos con las de otros países democráticos que no mienten sobre sus ci­fras, Estados Unidos tiene 62 muertes por COVID-19 por cada 100,000 habi­tantes, en comparación con las 11 muertes por cada 100,000 en Alema­nia, o las 0.7 muertes ca­da 100,000 habitantes en Corea del Sur.

Trump minimizó la pan­demia desde el principio y su gobierno se demoró en ordenar las mascarillas, respiradores y otros equi­pos médicos que habrían si­do cruciales para reducir el número de muertos. Inclu­so en el debate presidencial del martes, Trump se había burlado de Biden por usar máscaras faciales, dicien­do que “yo no uso máscaras como él”.