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Puntos de vista martes, 29 de septiembre de 2020

PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Catolicismo y revolución inglesa

  • Catolicismo y revolución inglesa
Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
mmaza@pucmm.edu.do

 Uno de los grandes re­sortes para manipular a un pueblo es el miedo, sea o no fun­damentado. Ya en 1952 Ri­chard Hofstadter llamaba la atención sobre el estilo pa­ranoico de la política nor­teamericana. La historia ayuda a comprender los grandes miedos de cual­quier sociedad. Aquí, el mie­do a Haití decidió una elec­ción nacional.

Desde los tiempos de Enri­que VIII (1509 – 1547) la ma­yoría de los ingleses aborrecía al papa y el catolicismo, que montaban en la cocina de la misma voladora junto a Espa­ña, la excomunión de Isabel I (1570), la Armada Invencible (1588) y la conspiración de la pólvora (1605).

Sabiéndose criticado en Inglaterra y necesitado del apoyo de Luis XIV y la católi­ca Francia, Carlos II conside­raba a los católicos ingleses como posibles aliados. En 1672 firmó la Declaración de Indulgencia, que anulaba todas las leyes perjudiciales a los católicos. Pero el Parla­mento le negó el derecho a derogar aquellas leyes san­cionadas por dicha institu­ción y por su parte, aprobó el Test Act (1673): todo ofi­cial público tenía que jurar fidelidad a la Iglesia anglica­na y comulgar en dicha Igle­sia. Esta ley estuvo vigente hasta 1828, por lo cual to­dos los católicos fueron ex­cluidos del gobierno, la ma­rina y el ejército. Un noble disoluto versificó sobre Car­los II: “Nos gastamos un rey buen mozo, en cuya palabra nadie confía, nunca dijo una tontería, ni realizó nada jui­cioso”.

La histeria anticatólica estalló en 1678 por una su­puesta conjura papista. Mu­chos inocentes fueron ejecu­tados. Actualmente, se sabe que la conjura papista era un invento, pero el ambien­te estaba cargado de nuba­rrones anticatólicos.

La Reina Cristina de Sue­cia se había convertido al ca­tolicismo, al igual que im­portantes líderes de Polonia y Bohemia. En Francia, des­de 1685, Luis XIV perseguía a los protestantes: les cerró escuelas e instituciones, no podrían profesar en público su religión y sus hijos sería bautizados católicos. Desde 1681 batallones de caballe­ría, los dragones franceses, obligaban a los aterroriza­dos protestantes a conver­tirse al catolicismo. Aunque estaba prohibido, unos dos­cientos mil de estos infelices escaparon a los Países Bajos e Inglaterra. Sorprendente­mente, en estas circunstan­cias, el hermano menor de Carlos II, Jacobo, convertido al catolicismo, fue corona­do rey en Inglaterra. Varios eventos cambiaron la volu­ble opinión pública inglesa. Jacobo se balanceaba en el filo de la navaja.

El autor es profesor
asociado dela PUCMM
mmaza@pucmm.edu.do