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Puntos de vista miércoles, 23 de septiembre de 2020

COLABORACIÓN

¡Señor Presidente…en el Palacio, solo nuestra bandera!

MIGUEL ANTONIO FIALLO CH.

 Nuevos aires de esperanza soplan en el país. Una vo­luntad de ser­vir se siente en la atmosfera, enrarecida aun por la pasa­da desidia, la corrupción administrativa y la falta de identificación con los valores patrios. Nuestra bandera in­tenta recobrar su identidad mancillada por la traición y la desfachatada irresponsa­bilidad.

Durante varios años por este mismo medio, advertía­mos al pasado Presidente de la Nación que atendiera los valores patrios por encima de absolutamente todas las prioridades existentes, pe­ro como dijo un gran Califa del siglo VII refiriéndose a un gobernante de su época fue “…sordo cuando se le refería al oír el buen consejo; mudo cuando se refería a la decla­ración de la Verdad, y ciego cuando se le pedía ver los he­chos y las realidades”.

Lamentablemente y con asombro, vemos como en su propio “Hogar Laboral”, nuestro Palacio Nacional, se comete la desafiante y per­versa afrenta de exhibir en un escritorio una bandera LGBT, emblema de una pre­ferencia sexual, que desna­turaliza los principios y los valores morales que funda­mentaron nuestra Nación.

¡Entendemos, Presiden­te Abinader, que si bien Ud. es el presidente de todos los dominicanos, indepen­diente de sus creencias po­líticas, religiosas y predilec­ciones sexuales; en la Casa de Gobierno que su Exce­lencia honrosamente mo­ra; Ud. es el responsable de velar por la integridad y el mantenimiento de la rec­titud, solemnidad, proto­colo y dignidad de su es­pacio laboral!... ¡Nuestro Palacio Nacional, solem­ne testigo mudo de tanta sangre, tantas intrigas y a la vez tantos nobles sacri­ficios!!

La colocación de ban­deras sobre preferencias sexuales donde mora nues­tra Bandera Nacional es un atrevimiento, una impudicia y un descaro a su propia alta magistratura y al soleo pre­sidencial. Su familia es un ejemplo de una familia de­cente, cristiana y un paradig­ma de la moral y las buenas costumbres. No permita que la insolencia mancille en tan temprana etapa, la grandio­sa empresa y gestión guber­namental que Ud. evidente­mente llevará a cabo y que transformará el país devol­viendo la confianza, la espe­ranza y el progreso a la fami­lia dominicana. Confiamos en su sano juicio de tomar las medidas pertinentes para abortar esta nueva afrenta a la moral, la dominicanidad y los principios cristianos. Una nueva osadía que podría ser apenas la punta de un ice­berg que emerge lentamente como una pieza de un rom­pecabezas siniestro que po­dría cernirse sobre nuestra nación!