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Puntos de vista miércoles, 23 de septiembre de 2020

ORLANDO DICE

El que jura, el que perjura

  • El que jura, el que perjura
Orlando Gil

 Las declaraciones juradas de los funcionarios salientes se dan al mismo tiempo que la de los en­trantes, y no se sabe todavía cuándo terminará el proceso, ni cuál de los dos gobiernos registrará más fal­tantes.

Lo bueno del acontecimiento es que esta rendición de cuenta se suscitó y produjo co­mo un fenómeno y que por primera vez hubo hasta apresuramiento.

Siempre pensé, y sigo pensando, que el re­lajo de no informar de los bienes propios era culpa del Ejecutivo que nombraba y consen­tía la situación.

De que así como se pedía o entregaba un currículo, debía hacerse con la declaración ju­rada: un decreto a cambio del registro de pro­piedades.

Ahora se hizo, y no porque exista una ley que obliga, ni porque los nuevos titulares sean más honestos o transparentes, sino por­  que el presidente Luis Abinader colocó una espada a pender sobre la cabeza de sus cola­boradores.

Un simple pronunciamiento, que ni siquie­ra una medida administrativa, fue suficien­te para que los incumbentes de ministerios y direcciones generales se pusieran la pila y ac­tuaran en consecuencia.

Aunque el disparo reveló un propósito, la intención era otra. Poner en evidencia a los al­tos cargos de la pasada administración, de los que sospechan extravíos que deberán ser co­rregidos.

Si se era drástico con los propios, que no con los ajenos. No podía ser delito ni puniti­vo confesar las riquezas con las que se llega, pues no peca el antes sin conocerse el des­pués. Que no es el caso del que cesa y debe hacer balance de sus haberes. El ahora posi­blemente lo condene, o por lo menos lo haga reo, pues será difícil salir bien librado.

La persecución no cree en cuento y al que lleva marca lo están esperando en la bajadita de la justicia, ignominia incluida.

La prensa informa y hasta se escandaliza de la fortuna de los nuevos, y aunque se pu­blica una que otra de los viejos, no se tienen claras las consecuencias.

Los arqueos serán tantos que desbordarán las entidades responsables. Aunque intriga saber a cuáles primero. Si a los nuevos o a los viejos.