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Puntos de vista domingo, 20 de septiembre de 2020

Cuando la dignidad recibe el nombre del profesor Carlos McKinney

  • Cuando la dignidad recibe el nombre del profesor Carlos McKinney
Dagoberto Tejeda

El 25 de agosto de 1929 abrió sus ojos por primera vez en la ciudad de Santo Domingo, Carlos Ramón McKinney Soriano. 

Desde que comenzó a ponerse pantalones largos, su pasión se volcó por el béisbol, formando parte como lanzador del Club La Cotorra, en la ciudad de Santo Domingo. 

Su padre, don Carlos McKinney Capestani, era un virtuoso y excelente músico. Un maestro. En 1944 fue nombrado director de la banda de música municipal de Baní. Allí, y hasta mediados de los años 0chenta, formó varias generaciones de músicos y convirtió la institución en una de las tres mejores bandas de música del país, en ese entonces. 

Ya en Baní, en 1945, el joven Carlos se integró a la selección de béisbol banileja como lanzador. Ese año, apoyado en las hazañas de su brazo, su control, inteligencia y su largo repertorio de lanzamientos (creó un lanzamiento por debajo del brazo que fue bautizado como “La Cacala”), Baní ganó el primer campeonato regional del Sur. 

Carlos fue un estelar lanzador, ganándoles a todos los equipos de béisbol de la región Sur y otros lugares del país, incluyendo a la potente selección de Santiago  de los Caballeros.  

En 1959 se convirtió en mánager de la selección banileja, a la que condujo a ganar once campeonatos regionales seguidos, incluido el “Campeonato Nacional de Béisbol de Aficionados”, en 1980. 

Sus triunfos y sus conocimientos lo convirtieron en un personaje nacional en el campo del béisbol aficionado.  

En 1969 fue designado “coach” de la selección nacional que viajó a Nicaragua.  Igualmente, fue incluido en el equipo técnico de la selección nacional que viajó a Barcelona. 

Por sus indiscutibles hazañas, fue exaltado al Pabellón de la Fama del Béisbol Banilejo. 
Una mañana de primavera, al llegar a la Escuela Canadá,  en Baní, me llevé la gran sorpresa de que aquel legendario beisbolista era además un profesor destacado de este centro educativo.  
En mi familia, tío Goyo y tío Mon, eran peloteros y con ellos viajé a varios pueblos, donde el profesor McKinney era el mánager del equipo de Baní.  

Allí lo conocí, pero al verlo en esa faceta como docente, fue algo nuevo y diferente para mí. 
Fue una revelación y de vez en cuando me preguntaba en qué área era mejor: En la escuela o en el béisbol. Porque era excelente en ambos campos.  En la medida en que me acerqué a él, descubrí algo más trascendente que todo eso: ¡Era un ser humano excepcional!
Y continuaron las sorpresas. 

Ocurre que mi abuelito, Floirán Tejeda, zapatero, antitrujillista, fue de los banilejos que fue a esperar a la sección de Paya al Generalísimo Máximo Gómez, -el banilejo más ilustre y trascendente de la historia de Baní- en su última visita al pueblo que lo vio nacer, después de salir victorioso de la campiña cubana, como héroe de su lucha independentista. Pero resulta que mi admiración por el Generalísimo coincidía con el fervor y devoción del profesor McKinney por el personaje. “El Profesor”, como ya todos le reconocían en Baní, era como yo un apasionado de la figura y la  obra de este banilejo excepcional. 

El Profesor, con su sabiduría, con su ejemplo, con su devoción, contribuyó a revalorizar mi admiración por el Generalísimo.¡Es otra de mis deudas permanentes con el maestro!

En 1970, el profesor pasó a dirigir la recién inaugurada Escuela Máximo Gómez, enclavada en los barrios populares de la zona norte de Baní.  Ya como director, desde allí el profesor fomentó como nadie la obra y la figura del Generalísimo, incluso hacía que sus profesores y estudiantes asistieran al homenaje que por el aniversario de su nacimiento se realizaba en el solar donde nació. 

El profesor aprovechaba todos los escenarios para exaltar al Generalísimo.  Profesor al fin, en varios carnavales, en la escuela que dirigía, presentaba siempre hazañas del Generalísimo, en una visión pedagógico-educativa, como fue la relativa a la batalla sobre “La Primera Carga del Machete”. 

Por esa y otras tantas iniciativas, recibió el reconocimiento de todo el pueblo, y fue distinguido por la Junta Nacional de la Sociedad Cultural José Martí de Cuba y por la Fundación Máximo Gómez, que dirige el amigo Iván Peña.

Este gran beisbolista, lanzador sobresaliente, dirigente excepcional, profesor de generaciones, promotor apasionado de las hazañas del Generalísimo Máximo Gómez, ejemplo de sacerdocio por el bienestar de la familia banileja, padre ejemplar, esposo de doña Yolanda Ortiz, munícipe de ideas progresistas, patriota, siempre al lado de las mejores causas del pueblo banilejo, acaba de partir  y todos nos inclinamos reverentes ante sus hazañas y virtudes.

Reconocido con generosidad por toda la provincia Peravia y especialmente por los más humildes de su pueblo, Baní, el Profesor McKinney es un orgullo de los banilejos y de la Patria.