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Puntos de vista martes, 01 de septiembre de 2020

EL BULEVAR DE LA VIDA

El “gu¨ikén” presidencial

  • El “gu¨ikén” presidencial
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

Lo del doctor Balaguer era un enigma. Nunca supimos con exactitud con qué se re­lajaba el más ilustrado de los delfines del Jefe, aun­que siempre se ha dicho que la diver­sión de ese oráculo de la marrulla po­lítica eran las tertulias de amigos, los chismes de la enana y los cuentos ver­des de doña Rosita, más el amor por su madre y su devoción por lo latino.

Lo de don Hipólito Mejía siempre ha sido la chercha fraterna con dominó y tragos -para los demás-, buenos cuen­tos, “los muchachos”, (su principessa Carolina), y su finca mundial de man­gos a la que, ni la estación experimen­tal de su amigo, el fenecido ilustrísimo banilejo, don Rafael Perelló Abreu, se le acerca.

Lo de Leonel Fernández siempre se ha sabido: libros, libros, mucho Lakers y mucha NBA.

Por su parte, Danilo Medina -cual Che Guevara cortando caña en los ba­teyes cubanos- gustaba de botar el es­trés y relajarse domingueando entre pobres, a quienes visitaba por sorpre­sa para ayudarles a que resolvieran sus problemas con un préstamo blando, una donación o un bajarle línea a algún funcionario lento como miel de abeja.

Lo del presidente Abinader no se te­nía muy claro hasta el pasado fin de se­mana en que nos enteramos de su viaje de güikén a Pedernales (con la doña in­cluida, of course), para reconfirmar las bondades y los tesoros, las oportunida­des y necesidades de la provincia.

En fin, lo de Balaguer era Grecia, lo de Hipólito una finca en dominó, lo de Leonel un libro, lo de Danilo un po­bre en apuros y lo de Luis en solidario güikén familiar en cada provincia de la Patria para que no le cuenten.

Entonces, conocidos los planes pre­sidenciales, desde ya le informó al hi­jo del doctor Abinader que su fin de semana banilejo en el hotel de Dome­nech en Salinas está amarrado, atado y bien atado, ¡y con descuento!, pa­ra que vea salir el sol desde La Punta, (entrada al paraíso), y conozca entre mangos y arepitas de burén las rique­zas y carencias, las bondades y las ne­cesidades de esa urbe del trabajo du­ro y la autogestión: Baní, que hace siete años espera que se inicie la cons­trucción de su avenida de circunvala­ción... ¡y los fondos están, Presidente! Le esperamos.

PD: El dulce de leche con coco tier­no y azúcar Splenda de la dulcería “El Hungaro”, va por mi cuenta.