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Puntos de vista miércoles, 12 de agosto de 2020

FUNDACIÓN SALESIANA DON BOSCO

Vade Mecum

  • Vade Mecum
Luis Rosario

Esta expresión latina, a par­te de su conoci­da acepción en el campo de la salud, se utiliza mucho en contextos religiosos e impli­ca toda una actitud de se­guimiento y estímulo para hacer algo bueno y ejempla­rizador.

No es tan fácil encontrar alguien que nos atraiga con su ejemplo y forma de ser y que corresponda al ideal que uno tiene por delante para hacer de su propia vida algo valioso y digno de imitar.

No hace mucho encontré una persona que sin decir palabra alguna me movió a encaminarme positivamen­te con sólo ver su forma di­námica y entregada de hacer las cosas.

Hay gente que busca ha­cer sólo aquello que le con­viene, pero de repente, se encuentra con alguien que le atrae y con su forma de ser lo estimula a seguirle en las cosas buenas, aunque tam­bién se da lamentablemente lo contrario.

Hoy vivimos en un tiem­po en que el bien y el mal se mezclan en diferentes di­mensiones, como la política, el negocio, la vida familiar y social.

Qué bueno sería si pu­diéramos decirle a los de­más Vade Mecum (Ven con­migo), dejando de un lado aquellas cosas que pertur­ban la paz individual y so­cial.

La persona a la que hice alusión no es única, donde quiera podemos encontrar­la sin necesidad de hacer mucho esfuerzo, porque Dios ha puesto en cada uno de nosotros los mejores sentimientos.

Por malo que alguien apa­rente, basta sacudir el polvo que muchas veces se va apo­sentando sobre nuestras vi­das haciéndonos olvidar que estamos creados para hacer grandes cosas y no para ir acumulando las porquerías que encontramos en el ca­mino, que generalmente son más atractivas.

El mundo está lleno de basura y estamos en un tiempo oportuno para co­menzar un ritmo nuevo de vida en nuestro país, comen­zar a limpiar el camino sucio al que estamos acostumbra­dos y hacer que el cambio no sea sólo de caras políticas nuevas, sino de estilos más oportunos y coherentes de ejecutar las cosas públicas y privadas. Es tiempo de un cambio, pero no sólo cosmé­tico, sino de transformación profunda.

Ven conmigo a caminar y de seguro que el mundo será mucho mejor y la vida ten­drá un tono más agradable que nos conducirá a la feli­cidad.

¡Yo estoy dispuesto a ser parte de ese cambio, Vade Mecum!