ORLANDO DICE

Lo bonito, lo práctico

En el papel va quedando bonito el nuevo gobierno, y si no, que cada cual se aguante las ganas. No es momento de contrariar, pues Luis Abinader tiene poder - en tuit o de­creto - para nombrar sus colaboradores.

Las formulaciones y reformulaciones que se anuncian también deben recibirse con buen humor. La administración pública se salió de horma y conviene un gobierno más chiquito.

Ronald Reagan hizo campaña prometiendo quitar el gobierno de las espaldas de la gente, y eso decía mucho, pero sobre todo aligerar la burocracia. Bill Clinton encargó a su segundo a bordo, Al Gore, que viera cómo podía reducirse el gobierno, buscando bajar costos, pero tam­bién ganar eficiencia.

El Estado dominicano fue creciendo delante de los ojos de todo el mundo y de mano de los políticos que ahora se echan la culpa de su des­mesura. Solo hay que fijarse en lo importante, en lo necesario. Las llamadas altas cortes, por ejemplo. Ahora ¿ Puede hacerse lo que se pre­tende en un país en que el empleo público es tan decisivo ? El propósito no es nuevo, e inclu­so un reclamo de sectores diversos.

Sin embargo, cuando se habla de absorber ese personal sobrante, mandar a la calle a tanta gente, la empresa privada dice quítate, y el go­bierno se mete en miedo.

El intento es bueno, la intención mejor, pero habrá que tomarlo con un poco de sal, pues los tiempos no están para inventar con el empleo de la gente. La primera reacción, y ojalá que no sea revuelta, se producirá en el emergente par­tido oficial, cuyos dirigentes de base recorda­rán al presidente electo, cuando esté en funcio­nes, que no ganó solo.

Tremendo problema, por tanto, pues el cie­rre o fusión de importantes dependencias dis­minuyen el número de plazas disponibles para complacer la demanda de la insurgencia parti­daria. El gobierno, repito, se ve bonito en el pa­pel, pero – al parecer - falto de sentido práctico. La propuesta es gente que nunca ha dado un golpe. De asesores no pasan, y experiencia va a necesitarse.

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